Temple Grandin
Departamento de Ciencia Animal
Colorado State
University
Fort Collins, Colorado 80523-1171
Capítulo 1 de: Temple Grandin, Thinking in Pictures, Nueva York, Vintage
Press, 1995.
Traducción del Dr. Marcos Giménez-Zapiola
Pienso en imágenes. Las palabras son como un segundo idioma para mí.
Traduzco las palabras, tanto las habladas como las escritas, a películas de cine
a todo color, acompañadas de sonidos, que pasan por mi mente como una cinta de
video. Cuando alguien me habla, sus palabras se me traducen instantáneamente en
imágenes. Quienes piensan básicamente por medio del lenguaje suelen encontrar
que este fenómeno es difícil de entender, pero el pensamiento visual significa
una enorme ventaja en mi trabajo como diseñadora de equipos para la industria
ganadera.
Esta forma de pensar me ha permitido construir sistemas completos de manejo
animal en mi imaginación. Durante mi carrera, he diseñado todo tipo de equipos,
desde corrales para el trabajo ganadero en ranchos hasta sistemas para el manejo
de vacunos y porcinos durante los tratamientos veterinarios y la matanza. He
trabajado para muchas de las principales empresas ganaderas. De hecho, la
tercera parte del ganado vacuno y porcino de los EE.UU. se maneja con equipos
diseñados por mí. Algunas de las personas para quienes he trabajado ni siquiera
saben que sus sistemas fueron diseñados por alguien que es autista. Valoro mi
aptitud para pensar visualmente, y no querría perderla por nada en el mundo.
Uno de los misterios más profundos del autismo ha sido la notable capacidad
de la mayoría de los autistas para sobresalir en su habilidad visual espacial,
al mismo tiempo que su desempeño verbal es muy pobre. Cuando yo era niña y
adolescente, creía que todos pensaban en imágenes. No tenía idea de que mis
procesos de pensamiento eran diferentes. En verdad, no me di cuenta del real
alcance de estas diferencias hasta hace muy poco tiempo, cuando comencé a
preguntar a otras personas, ya sea en reuniones o durante el trabajo, detalles
sobre la forma en que accedían a sus recuerdos. De sus respuestas saqué la
conclusión de que mi capacidad de visualización excedía ampliamente la de la
mayoría de la gente.
Atribuyo a mi capacidad de visualización el haberme ayudado a entender a los
animales con los que trabajo. Al comienzo de mi carrera, utilizaba una cámara
fotográfica para tratar de captar la perspectiva de los animales cuando
avanzaban por la manga para su tratamiento veterinario. Me agachaba y tomaba
fotografías a lo largo de la manga a la altura de los ojos de una vaca. Mediante
esas fotos, pude darme cuenta de las cosas que asustaban al ganado, como las
luces y las sombras. En ese entonces, usaba películas de blanco y negro, porque
hace veinte años los científicos creían que los bovinos carecían de visión
cromática. Hoy en día, la investigación ha demostrado que pueden percibir los
colores, pero esas fotos me aportaron la ventaja singular de ver el mundo desde
el punto de vista de la vaca. Me ayudaron a descubrir por qué los animales se
resistían a entrar a una manga mientras aceptaban de buen grado hacerlo en otra.
Cada uno de los problemas de diseño que he podido resolver ha sido por mi
capacidad de visualizar y de entender el mundo a través de imágenes. Comencé a
diseñar cosas cuando era niña, y me la pasaba experimentando con nuevos tipos de
cometas y aeromodelos. En la escuela primaria, hice un helicóptero con los
restos de un avión de madera balsa roto. Cuando enrollé la hélice y lo lancé, el
helicóptero voló hacia arriba unos 30 metros. También hacía cometas con formas
de pájaros, que remontaba detrás de mi bicicleta. Estas cometas las hacía
plegando una hoja gruesa de dibujo, y las arrastraba con un piolín. Hacía
pruebas con formas diferentes de doblar las alas para mejorar el vuelo de estos
modelos. Por ejemplo, aprendí que las cometas volaban más alto si les doblaba
hacia arriba las puntas de las alas. Este mismo diseño comenzó a aparecer
treinta años después en los aviones comerciales.
En mi trabajo actual, antes de empezar a construir cualquier instalación, la
examino y pongo a prueba en mi imaginación. Visualizo mis diseños siendo usados
en todas las situaciones imaginables, con ganado de distintos tamaños y razas,
bajo condiciones climáticas diferentes. Al hacer esto, puedo corregir fallas
antes de construir el sistema. Hoy en día, cualquiera se entusiasma con los
nuevos equipos de computación que presentan realidades virtuales, en los que el
usuario se pone unas anteojeras especiales y se sumerge de lleno en la acción de
los juegos de video. Para mí, esos programas son como unos dibujos animados
rudimentarios. Mi imaginación trabaja como los programas de animación computada
que crearon esos dinosaurios que parecían reales en Parque Jurásico. Cuando hago
una simulación de un equipo en mi imaginación o trabajo sobre un problema de
ingeniería, es como si lo viera en una cinta de video en mi mente. Puedo verlo
desde cualquier ángulo, ubicándome por encima o por debajo del equipo y
haciéndolo rotar al mismo tiempo. No necesito un programa sofisticado de
computación gráfica que me genere diseños simulados en tres dimensiones. Lo
puedo hacer más rápido en mi cabeza.
Continuamente creo nuevas imágenes tomando muchos pedacitos de las imágenes
que tengo en la videoteca de mi imaginación, y reagrupándolos en algo distinto.
Tengo recuerdos visuales de cada cosa con la que haya trabajado en mi vida:
portones de acero, cercas, cerraduras, paredes de cemento, y así sucesivamente.
Para crear nuevos diseños, extraigo piezas y componentes de mi memoria y las
combino en un conjunto nuevo. Mi capacidad para el diseño mejora a medida que
agrego más imágenes visuales a mi archivo mental. Voy almacenando imágenes
semejantes a un video, ya sea de experiencias concretas o de mis traducciones de
informaciones escritas en imágenes. Puedo visualizar el funcionamiento de cosas
tales como mangas de compresión, rampas de embarque para camiones, y todos los
distintos tipos de equipamientos ganaderos. Cuanto más trabajo concretamente con
ganado y hago funcionar equipos, más poderosos se hacen mis recuerdos visuales.
La primera vez que usé mi videoteca mental fue en uno de mis proyectos
iniciales de diseño, cuando se me encargó hacer unas instalaciones de trabajo
ganadero con un bañadero de inmersión para el corral de engorde que John Wayne
tenía en el Río Rojo de Arizona. El bañadero era una piscina larga y estrecha,
de 2 metros de profundidad, que el ganado debía atravesar en fila india. El agua
tenía un pesticida para librar al ganado de garrapatas, piojos y otros parásitos
externos. En ese entonces (1978), los diseños disponibles para bañaderos de
inmersión eran muy pobres. Los animales entraban frecuentemente en pánico, pues
se los forzaba a deslizarse hacia el bañadero a lo largo de una pendiente
empinada y resbaladiza de cemento. El ganado se resistía a zambullirse al agua,
y a veces se caían con las patas para arriba y se ahogaban. Los ingenieros que
habían diseñado esa pendiente nunca se habían puesto a pensar por qué razón el
ganado se asustaba tanto.
Lo primero que hice al llegar al corral de engorde fue ponerme en la cabeza
de los animales y mirar todo a través de sus ojos. Debido a que sus ojos están a
los costados de la cabeza, los vacunos tienen un campo visual muy amplio. Por
ello, mi tarea se parecía a recorrer las instalaciones mirando a través de una
videocámara con gran angular. Yo había dedicado los seis años anteriores a
estudiar la forma en que el ganado bovino percibe su mundo, para lo cual había
observado miles de animales moviéndose a lo largo de distintas instalaciones de
todo Arizona. Gracias a ese trabajo, para mí fue obvio por qué se asustaban.
Esos animales debían sentirse como si se los obligara a saltar por un tobogán de
emergencia de un avión, para caer en el mar.
El ganado bovino se asusta ante los contrastes fuertes de luces y sombras, y
cuando la gente o las cosas se mueven súbitamente a su rededor. He visto
animales siendo manejados en instalaciones idénticas, pero que en un caso las
atravesaban sin problemas y en el otro se frenaban constantemente. La única
diferencia entre ellas era su orientación respecto del sol. El ganado se
resistía a avanzar cuando el sol formaba sombras recortadas a través de la
manga. Hasta que hice esta observación, ningún miembro de la industria del
engorde a corral había sido capaz de explicar por qué una de estas instalaciones
veterinarias funcionaba mejor que la otra. Era cuestión de observar los pequeños
detalles que hacían una gran diferencia. Para mí, el problema del bañadero de
inmersión era aún más obvio.
El paso siguiente para diseñar un sistema mejor fue recolectar toda la
información publicada sobre bañaderos de inmersión. Antes de hacer cualquier
cosa, siempre reviso lo que se considera más avanzado, para no perder el tiempo
reinventando la rueda. En esa oportunidad, busqué en las publicaciones
ganaderas, que habitualmente tenían muy poca información, y en mi videoteca de
recuerdos, que solamente contaba con malos diseños. De mi experiencia con otros
tipos de instalaciones, como las rampas para desembarcar ganado de camiones, yo
sabía que los animales descienden sin problemas si la rampa tiene ranuras que
ayudan a que el animal pise con seguridad y no se resbale. Los resbalones les
generan pánico y los inducen a retroceder. El desafío era para mí diseñar una
entrada al bañadero que los incitara a avanzar de buen grado y a zambullirse en
el agua, que era lo suficientemente profunda como para que los animales se
sumergieran totalmente, de modo que los parásitos, incluyendo los que se les
instalan en las orejas, fueran eliminados.
Comencé a hacer simulaciones visuales tridimensionales en mi imaginación.
Experimenté con distintos diseños de la entrada, haciendo que el ganado pasara
por ellos en mi imaginación. Tres imágenes se fusionaron para conformar el
diseño definitivo: el recuerdo de un bañadero de inmersión de Yuma, Arizona; un
bañadero portátil que había visto en una revista; y una rampa de entrada que
había visto en un dispositivo de inmovilización de la planta de faena de Swift
en Tolleson, Arizona. La nueva entrada al bañadero de inmersión era una versión
modificada de esta rampa. Mi diseño contenía tres elementos que nunca habían
sido usados antes: una entrada que no asustaría a los animales, un sistema
mejorado de filtrado químico, y el uso de principios de comportamiento animal
para impedir que el ganado se pusiera demasiado nervioso al salir del bañadero.
Lo primero que hice fue cambiar el piso de la rampa, que era de acero, a uno
de cemento. El diseño definitivo tenía una rampa con piso de hormigón armado,
con un ángulo de descenso de 25o. Se hicieron surcos profundos en el cemento,
para darles un piso firme a los animales. La rampa daba la apariencia de entrar
gradualmente al agua, pero en realidad tenía una caída abrupta bajo la
superficie. Los animales no podían ver esta caída porque el agua del bañadero no
era transparente. Una vez que perdían pie dentro del agua, caían suavemente,
porque su centro de gravedad había pasado el punto de no-retorno.
Antes de construir el bañadero, puse a prueba este diseño de la entrada
muchas veces en mi imaginación. Muchos de los vaqueros de este corral de engorde
eran escépticos, y no creían que mi diseño pudiera funcionar bien. Una vez
construido, lo modificaron a mis espaldas, porque estaban seguros de que estaba
mal: le adosaron una plancha de metal sobre el piso de la rampa antideslizante,
reconvirtiéndola en la antigua rampa deslizante. El primer día que la usaron,
dos animales se ahogaron porque entraron en pánico y se cayeron al agua de
espaldas.
Cuando vi la plancha metálica, hice que los vaqueros la retiraran. Se
quedaron atónitos cuando vieron que la nueva rampa funcionaba perfectamente.
Cada ternero bajaba caminando al agua hasta que daba un paso y se encontraba que
el piso bajaba súbitamente, y se sumergía suavemente en el bañadero. Me gusta
referirme a este diseño como "el ganado que camina por las aguas".
A lo largo de los años, he observado que muchos rancheros y engordadores a
corral piensan que la única forma de inducir a los animales a entrar a las
instalaciones de manejo es forzándolas a hacerlo. Los propietarios y los
encargados de los corrales de engorde tienen a veces muchas dificultades para
entender que si se diseña adecuadamente los dispositivos de trabajo, tales como
los bañaderos de inmersión y las mangas de inmovilización, el ganado entrará
voluntariamente a los mismos. Yo puedo imaginar las sensaciones de los animales:
si tuviera el cuerpo y las pezuñas de un ternero, me daría mucho miedo caminar
por una rampa metálica resbaladiza.
Pero todavía quedaban problemas a resolver luego de que los animales salieran
del bañadero. La plataforma a la cual salen está generalmente dividida en dos
corrales, de modo que los animales se puedan ir secando de un lado mientras se
llena el otro lado. Nadie entendía por qué los animales que iban saliendo del
bañadero a veces se ponían muy nerviosos, pero a mí se me ocurrió que era porque
querían seguir a sus compañeros más secos cuando se los soltaba, de manera
similar a niños apartados de sus compañeritos de clase en un patio de juegos.
Instalé una pared cerrada entre los dos corrales, para impedir que los animales
de un lado vieran a los del otro. Era una solución muy simple, y me sorprendió
que nunca nadie la hubiera pensado antes.
El sistema que diseñé para filtrar y limpiar los pelos y otros residuos del
bañadero se basó en los sistemas de filtrado de piscinas de natación. Mi
imaginación pasó revista a dos filtros de agua específicos que yo había usado,
uno en el rancho de mi tía Ann Brecheen en Arizona y otro en la casa de mis
padres. Para evitar que el agua rebasara los costados del bañadero debido al
movimiento de los animales, copié el reborde superior de cemento que había visto
en piscinas de natación. Esta idea, como muchos de mis mejores diseños, me vino
claramente a la cabeza justo antes de quedarme dormida una noche.
Siendo autista, no asimilo naturalmente información que la mayoría de las
personas da por supuesta. En cambio, almaceno información en mi mente como si se
tratara de un CD-ROM. Cuando recuerdo algo que he aprendido, vuelvo a pasar el
video en mi imaginación. Los videos de mi memoria siempre son específicos; por
ejemplo, recuerdo cómo trabajé con el ganado en la manga veterinaria del Corral
de Engorde de los Productores o de la Compañía Ganadera McElhaney. Recuerdo
exactamente cómo se comportaron los animales en esa oportunidad, y cómo estaban
hechas las mangas y otras instalaciones. La forma exacta en que estaban soldados
los postes y los caños de acero en cada uno de los casos también forma parte de
mi memoria visual. Puedo recordar estas imágenes una y otra vez a fin de
estudiarlas para resolver problemas de diseño.
Si dejo que mi mente vague, el video salta en una especie de asociación
libre, desde la estructura de los postes y caños a un taller de soldadura donde
vi cómo cortaban postes, y al viejo John, el soldador, haciendo portones. Si
sigo pensando en John soldando caños, la imagen de video cambia a una serie de
escenas cortas sobre la fabricación de puertas en varios proyectos en los que he
trabajado. En mi forma de asociar, cada imagen visual desencadena otras, y me
pueden llevar lejos del problema inicial de diseño de instalaciones. La
siguiente imagen puede ser sobre el buen rato que pasé escuchando al viejo John
y a sus ayudantes contar historias de la guerra o cuando la pala mecánica cavó
un nido de víboras de cascabel y la máquina quedó parada dos semanas porque
nadie se atrevía a acercarse a ella.
Esta secuencia asociativa es un buen ejemplo de la forma en que mi mente
puede viajar lejos del tema inicial. Las personas con un autismo más grave
tienen problemas para detener estas asociaciones sin fin. Yo puedo hacerlo y
volver al camino original. Cuando descubro que mi mente se ha desviado demasiado
lejos del problema de diseño que estoy tratando de resolver, simplemente me digo
a mí misma que hay que volver al tema del comienzo.
Las entrevistas a autistas adultos con buena capacidad para conversar y para
articular sus procesos de pensamiento indican que la mayoría de ellos piensan en
imágenes visuales. Las personas más gravemente afectadas, que pueden hablar pero
no explicar cómo piensan, tienen patrones de pensamiento muy asociativos.
Charles Hart, autor de Without Reason (Sin razón), un libro sobre su hijo y
su hermano, ambos autistas, resume el pensamiento de su hijo en una sola frase:
"Los procesos de pensamiento de Ted no son lógicos, son asociativos". Eso
explica, por ejemplo, su afirmación: "No temo a los aviones. Es por eso que
vuelan tan alto". En su mente, los aviones vuelan alto porque él no les tiene
miedo; así combina dos piezas de información, que los aviones vuelan alto y que
él no teme a las alturas.
Otro indicador del pensamiento visual como método primario de procesar
información es la notable capacidad que muchos autistas tienen para resolver
rompecabezas, para orientarse en una ciudad o para memorizar con una sola mirada
cantidades enormes de datos. Mis propios patrones de pensamiento son semejantes
a los que describe A. R. Luria en The Mind of a Mnemonist (La mente de un
memorioso). Este libro cuenta la historia de un hombre que trabajaba como
reportero en un diario y que podía realizar actos sorprendentes de memoria. Como
yo, el memorioso tenía una imagen visual de todo lo que había oído o leído.
Escribe Luria: "Para cuando había oído o leído una palabra, ya la había
convertido instantáneamente en una imagen visual que correspondía al objeto que
la palabra significaba para él". El gran inventor Nikola Tesla era también un
pensador visual. Cuando diseñaba turbinas para la generación de electricidad,
construía cada turbina en su cabeza. La hacía funcionar en su imaginación y
corregía las fallas. Sostenía que no importaba si la turbina había sido probada
en sus pensamientos o en el taller: el resultado era el mismo.
En los comienzos de mi carrera, tendía a pelearme con otros ingenieros en las
plantas de faena. No entendía cómo podían ser tan tontos de no ver los errores
de los diseños hasta que los equipos ya estaban instalados. Ahora me doy cuenta
de que no eran tontos sino que carecían de capacidad de visualizar.
Literalmente, no podían ver. Una vez fui despedida por una compañía que
fabricaba equipos para plantas de faena, porque me peleé con los ingenieros a
raíz del mal diseño de un riel de transporte elevado para reses de 540 kg, que
terminaría por caerse. A medida que cada animal salía de la línea de matanza,
caía casi un metro hasta que quedaba colgado de una cadena sujeta al riel
elevado. La primera vez que hicieron funcionar el equipo, el riel fue arrancado
de sus soportes en el techo. Los empleados arreglaron esto poniendo pernos más
gruesos y agregando más columnas de sostén al riel. Esto resolvió el problema
sólo por un tiempo, pues la fuerza de las reses dándole ese tirón a las cadenas
era enorme. El refuerzo del riel elevado servía para tratar el síntoma del
problema pero no su causa. Traté de hacerles entender que era como doblar muchas
veces un clip para papeles: después de un tiempo se corta.
Formas diferentes de pensar
La idea de que las personas tienen distintos
patrones de pensamiento no es nueva. Francis Galton, en Inquiries into Human
Faculty and Development (Investigaciones acerca de las facultades y el
desarrollo humano), escribió que en tanto algunas personas ven imágenes mentales
vívidas, para otras "las ideas no se consideran como imágenes mentales sino como
símbolos de hechos. Una persona de baja capacidad para las imágenes puede
recordar su mesa del desayuno, pero no puede representársela".
No fue hasta que fui a la universidad que me di cuenta de que algunas
personas son totalmente verbales y sólo piensan en palabras. La primera vez que
sospeché esto fue cuando leí un artículo en una revista científica, sobre el
desarrollo del uso de herramientas en los seres humanos prehistóricos. Un
científico muy renombrado suponía que tuvieron que desarrollar el lenguaje antes
de ser capaces de construir herramientas. Yo encontraba que esta idea era
ridícula, y este artículo me dio el primer indicio de que mis procesos de
pensamiento eran verdaderamente diferentes de los de muchos otros. Cuando yo
invento cosas, no uso palabras. Hay otras personas que piensan en imágenes
vívidamente detalladas, como yo, pero la mayoría piensa con una combinación de
palabras e imágenes vagas, genéricas.
Por ejemplo, muchas personas, cuando leen u oyen la palabra "campanario"
tienen la imagen genérica de una iglesia, no de una iglesia y un campanario en
particular. Sus patrones de pensamiento se mueven del concepto general a los
ejemplos específicos. Yo solía frustrarme mucho cuando un pensador verbal no
podía entender algo que yo trataba de expresarle, porque no podía ver una imagen
que era clara como el agua para mí. Mi mente, además, revisa permanentemente los
conceptos generales a medida que agrego nuevas informaciones a la videoteca de
mi memoria. Se parece a ingresar un software nuevo a la computadora. Mi mente
acepta fácilmente el nuevo "software", mientras que otras personas no aceptan
fácilmente nuevas informaciones.
A diferencia de los pensamientos de la mayoría de las personas, los míos
pasan de las imágenes específicas, parecidas a las de un video, a las
generalizaciones y los conceptos. Por ejemplo, mi concepto de "perro" está unido
inextricablemente a cada uno de los perros que he conocido en mi vida. Es como
si tuviera una tarjeta de catálogo por cada perro que he visto, cuyo conjunto se
agranda continuamente a medida que agrego más ejemplos a mi videoteca. Si pienso
"Gran Danés", el primer recuerdo que salta en mi memoria es Dansk, el Gran Danés
que tenía el director de mi escuela secundaria. El siguiente es Helga, que ocupó
el lugar de Dansk. Luego, viene el perro de mi tía de Arizona, y la última
imagen proviene de un aviso sobre cubiertas de asientos donde aparecía un perro
de esta raza. Mis recuerdos suelen aparecer en mi imaginación en estricto orden
cronológico, y las imágenes que visualizo siempre son específicas. No hay un
Gran Danés genérico, que representa a todos.
Sin embargo, no todos los autistas son pensadores marcadamente visuales, ni
todos procesan la información de esta manera. La gente de todo el mundo forma un
continuum de aptitud visual, que va desde ninguna a la capacidad de ver imágenes
vagas y genéricas, sigue en las imágenes concretas y termina en las imágenes muy
específicas y detalladas, como en mi caso.
Siempre me estoy formando nuevas imágenes visuales cuando trato de inventar
algún equipo nuevo o de pensar en algo novedoso y entretenido. Puedo recurrir a
imágenes que ya he visto, reordenarlas y crear otras nuevas. Por ejemplo, puedo
imaginar cómo se vería un bañadero de inmersión en un programa de computación
gráfica, juntando uno de los bañaderos que he visto y tengo en mi memoria con la
imagen que tengo de la pantalla de la computadora de un amigo. Como su equipo no
está programado para generar esos gráficos tan bonitos, con rotaciones
tridimensionales, recurro a las imágenes que he visto por televisión o en el
cine, y las sobreimpongo en mi memoria. En mi imaginación visual, el bañadero de
inmersión aparece con la calidad gráfica superior que tienen las imágenes en las
películas como Star Trek. Luego, puedo tomar un bañadero en particular, como por
ejemplo el del Río Rojo, y rehacer su dibujo en la pantalla de computadora de mi
mente. Hasta puedo reproducir la imagen dibujada como un esqueleto
tridimensional o imaginarla como si fuera un video del bañadero real.
De manera semejante, he aprendido a dibujar planos de ingeniería observando
de cerca a un dibujante muy talentoso con quien trabajaba en esa empresa
constructora de equipos para corrales de engorde. David era capaz de producir
los dibujos más fabulosos sin ningún esfuerzo. Cuando me retiré de esa compañía,
me vi obligada a hacer mis propios planos. Estudié durante largas horas los
dibujos de David y los fotografié en mi memoria, hasta que finalmente alcancé a
emular su estilo de dibujo. Cuando hice mi primer diseño, desplegué algunos de
sus dibujos de modo de poder mirarlos mientras trabajaba. Luego, dibujé mi plano
nuevo copiando su estilo. Tras hacer tres o cuatro dibujos, ya no necesitaba
tener los suyos a la vista. Mi memoria de video ya estaba totalmente programada.
Copiar diseños es una cosa, pero cuando terminé de hacer los planos de las
instalaciones de Río Rojo, no podía creer que yo los había hecho. En ese
momento, pensé que había sido un regalo de Dios. Otro factor que me ayudó a
aprender a dibujar bien fue algo tan sencillo como usar las mismas herramientas
que usaba David. Usé la misma marca de lápices, y la regla y el tiralíneas me
obligaron a detenerme a rastrear las imágenes visuales de mi memoria.
Mis aptitudes artísticas se hicieron manifiestas cuando estaba en primer y
segundo grado de la escuela primaria. Tenía buen ojo para los colores, y pintaba
acuarelas de escenas de playa. Una vez, en cuarto grado, hice una escultura de
arcilla de un caballo muy bonito. Lo hice espontáneamente, pero no fui capaz de
repetirlo. En la escuela secundaria y la universidad, jamás intenté dibujar
planos, pero aprendí el valor de trabajar más despacio mientras dibujaba en una
clase de arte. Nuestra tarea había sido dedicar dos horas a hacer un dibujo de
uno de nuestros zapatos. El profesor insistía en que dedicáramos las dos horas
completas a dibujar ese zapato. Me quedé sorprendida de lo bien que me salía el
dibujo. Años más tarde, cuando mis primeros intentos de hacer planos me salían
terribles, me visualizaba a mí misma como David, el dibujante profesional, y
automáticamente pasaba a trabajar más lentamente.
El procesamiento de información no-visual
Los autistas tenemos problemas
para aprender cosas que no pueden ser pensadas en imágenes. Las palabras más
fáciles de aprender para un autista son los sustantivos, porque se relacionan
directamente con imágenes. Los niños autistas altamente verbales, como era mi
caso, pueden a veces aprender a leer mediante la fonética. Las palabras escritas
me resultaban muy abstractas para recordarlas, pero podía recordar, con bastante
esfuerzo, cerca de cincuenta sonidos fonéticos y unas pocas reglas. Los niños
que tienen un funcionamiento más limitado a menudo aprenden mejor por
asociación, con la ayuda de etiquetas pegadas con los nombres de los objetos que
los rodean. Algunos niños muy afectados por el autismo aprenden con más
facilidad si las palabras se deletrean con letras de plástico que ellos pueden
tocar.
Las palabras espaciales, como "arriba" o "abajo" carecieron para mí de
significado hasta que tuve una imagen visual con la cual fijarlas en mi memoria.
Incluso ahora, cuando oigo la palabra "abajo" separada, automáticamente me
imagino a mí misma metiéndome abajo de las mesas de la cafetería de la escuela
durante una alarma aérea, algo que era muy común en la costa Este de EE.UU. a
comienzos de la década de 1950. El primer recuerdo que me trae cualquier palabra
aislada es casi siempre un recuerdo de mi infancia. Puedo recordar a la maestra
diciéndonos que nos quedáramos calladas y camináramos en fila india hacia la
cafetería, donde seis u ocho niños nos acurrucábamos abajo de cada mesa. Si
prosigo en este tren de pensamiento, aparecerán más y más recuerdos de mi
escuela primaria. Puedo recordar a la maestra retándome por haberle pegado a
Alfred, que me había ensuciado los zapatos. Todos estos recuerdos corren como
cintas en la reproductora de video de mi imaginación. Si dejo que mi mente siga
asociando, podrá seguir vagando millones de kilómetros más allá de la palabra
"abajo", hacia los submarinos debajo del Ártico y la canción de los Beatles, El
submarino amarillo. Si dejo que mi mente se detenga en la imagen del submarino
amarillo, entonces oigo la canción. Mientras comienzo a tararear la canción y
llego a la parte que se refiere a que la gente suba a bordo, mi asociación salta
a la planchada de un barco que vi en Australia.
También visualizo los verbos. La palabra "saltar" abre en mi mente el
recuerdo de la carrera de vallas que corría en las "Olimpíadas" de la escuela
primaria. Los adverbios suelen convocar imágenes incorrectas ("quickly"
-rápidamente- me recuerda al chocolate Nesquik), a menos que se apareen con un
verbo, lo que modifica mi imagen visual. Por ejemplo, "él corría rápidamente"
desencadena una imagen animada de Dick, un personaje de mi primer libro de
lectura, corriendo rápidamente. "Él caminaba lentamente", en cambio, hace que
Dick avance más despacio. Cuando era niña, excluía a las palabras tales como
"es", "la" o "eso", porque carecían de sentido por sí mismos. Lo mismo pasaba
con palabras como "de" y "un", que no significaban nada para mí. Con el tiempo,
aprendí a usarlas correctamente, porque mis padres siempre me hablaron en
correcto inglés, y yo imitaba su forma de hablar. Pero es el día de hoy y
algunas conjugaciones de verbos, como "ser", son absolutamente carentes de
significado para mí.
Cuando leo, traduzco las palabras escritas a películas de cine a todo color,
o simplemente almaceno una foto de la página escrita para leerla más tarde.
Cuando retorno a ese material, veo una fotocopia de la página en mi imaginación.
La puedo leer como si la tuviera ante mis ojos. Es probable que Raymond, el
sabio autista de la película Rain Man, usara una estrategia semejante para
recordar guías telefónicas, mapas y otras informaciones. Simplemente,
fotocopiaba cada página de la guía en su memoria. Cuando quería encontrar algún
número, pasaba su scanner mental por las páginas que tenía almacenadas en su
memoria. Para extraer información de mi memoria, yo tengo que volver a pasar el
video. A veces, me cuesta encontrar datos rápidamente, porque tengo que pasar
pedazos de distintos videos hasta que doy con la cinta indicada, y esto toma
tiempo.
Cuando lo soy capaz de convertir el texto en imágenes, suele ser porque el
texto no tiene un significado concreto. Algunos libros de filosofía, y algunos
artículos sobre el mercado de futuros del ganado son sencillamente
ininteligibles. Me resulta mucho más fácil entender un texto escrito que
describe algo que se puede traducir fluidamente a imágenes. Un buen ejemplo es
la siguiente oración, tomada de un artículo de la revista Time del 21 de febrero
de 1994, que describe las competencias de patinaje artístico en los Juegos
Olímpicos de Invierno: "Todos los elementos están en su lugar: los reflectores,
las melodías rebosantes de los valses o el jazz, y esas hadas de lentejuelas
burbujeantes saltando por los aires". En mi imaginación, puedo ver la pista de
patinaje y los patinadores. Sin embargo, si me detengo demasiado en la palabra
"elementos", puedo hacer la asociación incorrecta con la tabla periódica de los
elementos que había en la pared de mi clase de química en la escuela secundaria.
Si la pausa es en la palabra "burbujeantes", en vez de las lentejuelas del
vestido de una hermosa patinadora, surge la imagen de una lata de gaseosa que
tengo en el refrigerador.
Los maestros que trabajan con niños autistas deben entender estos patrones de
pensamiento asociativo. Un niño autista usará a menudo las palabras de manera
incorrecta. A veces, ese uso tiene un significado asociativo lógico, pero otras
veces no lo tiene. Por ejemplo, un niño autista puede decir la palabra "perro"
cuando quiere salir afuera. En su mente, la palabra "perro" está asociada a
salir a la calle. En mi propio caso, puedo recordar tanto el empleo lógico como
ilógico de palabras incorrectas. Cuando tenía seis años, aprendí a decir
"acusación". No tenía la menor idea de lo que quería decir, pero me gustaba cómo
sonaba cuando la decía, de modo que la usaba como interjección cada vez que mi
cometa se caía al piso. Debo de haber dejado perplejo a más de uno de los que me
oía exclamarle "¡acusación!" a mi cometa que caía en tirabuzón.
Mis conversaciones con otros autistas me revelan estilos similares de
pensamiento visual sobre tareas que la mayoría de la gente hace en secuencias
lógicas. Un hombre autista que compone música me dijo que hace "imágenes
sonoras", usando pequeños trozos de otras obras para crear una composición
nueva. Un programador de computadoras me dijo que él puede ver el plano general
del árbol del programa. Luego de ver el esqueleto del programa, simplemente
escribe el código de cada rama. Yo uso un método parecido cuando reviso la
bibliografía científica o cuando voy a solucionar problemas en las plantas de
faena: tomo un dato o una observación específica y lo combino con otros para
encontrar principios básicos o conceptos generales nuevos.
Mi modelo de pensamiento siempre comienza en lo particular y avanza hacia lo
general, en un proceso asociativo que no sigue una secuencia lógica. Como si
tratara de descubrir el cuadro completo de un rompecabezas cuando he armado
solamente la tercera parte del mismo, soy capaz de llenar los espacios vacíos
con elementos que extraigo de mi videoteca mental. Los matemáticos chinos, que
pueden hacer grandes cálculos mentales, trabajan de la misma manera. Al
principio, necesitan un ábaco, la calculadora china, que es un cuadro con varias
filas de cuentas enhebradas en alambres. Hacen sus cálculos moviendo las filas
de cuentas. Cuando un matemático adquiere mucha habilidad, sólo tiene que
visualizar el ábaco en su imaginación, y ya no necesita uno real. Las cuentas se
mueven en un ábaco mental, que él visualiza en la imagen de video de su cerebro.
El pensamiento abstracto
Cuando fui creciendo, aprendí a convertir las
ideas abstractas en imágenes, para poder entenderlas. Visualizaba conceptos
tales como la paz o la honestidad mediante imágenes simbólicas. Pensaba en la
paz como una paloma, una pipa de la paz de los indios, o la firma de un acuerdo
de paz en un noticiero televisivo. La honestidad era representada por una imagen
de poner la mano sobre la Biblia en un tribunal, o por una foto de alguien que
había devuelto una billetera con todo el dinero adentro a quien la había
extraviado.
El Padrenuestro fue algo incomprensible para mí hasta que logré desarmarlo y
convertirlo en imágenes visuales específicas. El poder y la gloria eran
representados por un arco iris semicircular y una torre de transmisión de
electricidad. Cada vez que oigo una plegaria, todavía me vienen a la mente estas
imágenes infantiles. La frase "hágase tu voluntad" no tenía sentido para mí
cuando era niña, y aún hoy su significado me resulta vago. "Voluntad" es una
idea difícil de visualizar. Cuando pienso en ella, imagino a Dios arrojando un
rayo. Otro adulto con autismo escribió que visualizaba "que estás en el cielo"
como un anciano sentado sobre las nubes. "No caer en la tentación" se
representaba como la baranda de una escalera. La palabra "amén" al cierre de la
oración era un misterio: un hombre (a man) al final de toda esta secuencia no
tenía ningún sentido.
En mi adolescencia y juventud, tenía que usar símbolos concretos para
entender conceptos abstractos tales como "llevarme bien con los demás" o
"avanzar en la vida", que eran dos cosas que siempre me resultaban difíciles. Yo
sabía que no me integraba bien con mis compañeros de la secundaria, y no lograba
entender qué es lo que hacía mal. No importaba lo mucho que me esforzara,
siempre se burlaban de mí. Me llamaban "caballo de tiro", "grabadora" y
"huesos", porque era muy delgada. En aquél entonces, podía entender por qué me
llamaban "caballo de tiro" y "huesos", pero "grabadora" me dejaba perpleja.
Ahora, me doy cuenta de que debía parecerles una grabadora cuando repetía las
cosas textualmente una y otra vez. Pero en esa época no encontraba la forma de
descubrir por qué era tamaño fiasco social. Busqué refugio en hacer las cosas
para las cuales era buena, tales como trabajar en el cambio del techo del
granero o practicar equitación antes de un concurso de caballos. Las relaciones
personales carecían totalmente de sentido para mí hasta que desarrollé símbolos
visuales para las puertas y las ventanas. Sólo entonces pude comenzar a entender
conceptos tales como aprender a dar y recibir en una relación personal. A veces
me intriga pensar en lo que habría sido de mí si no hubiese sido capaz de
visualizar mi camino en el mundo.
La transición de la secundaria a la universidad fue para mí un desafío
verdaderamente grande. Los autistas tenemos tremendas dificultades ante los
cambios. Para hacerme cargo de un cambio importante, como era dejar la escuela
secundaria, necesitaba una forma de ensayarlo, representando cada etapa de mi
vida mediante el pasaje por una puerta, una ventana o un umbral de mi entorno
real. Cuando me estaba por graduar en la secundaria, solía ir de noche a
sentarme en el techo del alojamiento para estudiantes, donde me quedaba mirando
las estrellas mientras pensaba cómo haría para enfrentar la partida. Fue
entonces que descubrí una puertita que llevaba a un techo más alto que había en
construcción. Sucede que mientras nosotras vivíamos en esta casa antigua de
Nueva Inglaterra, se estaba haciendo un edificio mucho más grande encima de
ella. Un día, los carpinteros arrancaron una sección del techo antiguo que había
al lado de mi dormitorio. Cuando salí, pude ver que había un edificio nuevo, más
alto y todavía sin terminar. Arriba, había una puertita de madera que comunicaba
con el techo nuevo. El edificio estaba cambiando, y también era tiempo de que yo
cambiara. Eso era algo que yo podía entender. Había encontrado la llave
simbólica.
Cuando estaba en la universidad, encontré otra puerta que simbolizó para mí
la preparación para el egreso. Era una pequeña escotilla metálica que comunicaba
con la azotea del alojamiento estudiantil. Tuve que pasar muchas veces por esta
puertita hasta hacerme práctica. Cuando finalmente me gradué en el Franklin
Pierce College, caminé a través de una tercera puerta, muy importante, en el
techo de la biblioteca.
Ya no necesito utilizar puertas físicas reales para simbolizar cada
transición de mi vida. Mientras escribía este libro, volví a leer mis diarios de
todos esos años, y se me hizo evidente un patrón muy claro. Cada puerta o umbral
me permitió adelantarme hacia el nivel siguiente. Mi vida fue una serie de pasos
acumulativos. A menudo me preguntan cuál fue el avance decisivo singular que me
permitió adaptarme al autismo. No hubo un único avance decisivo: hubo una serie
de mejoras acumulativas. Mis anotaciones en el diario muestran a las claras que
yo era plenamente consciente de que cuando lograba dominar una puerta, sólo era
un paso en una serie más larga:
22 de abril de 1970. Hoy todo se ha completado en el Franklin Pierce
College y es tiempo de atravesar la pequeña puerta de la biblioteca. Reflexiono
ahora sobre lo que debería dejar como mensaje, en el techo de la biblioteca,
para que lo encuentren otros en el futuro. He alcanzado la cima de un escalón, y
me encuentro ahora en el piso de mis próximos estudios de grado. El techo de
este edificio es el punto más alto del campus, así que he llegado tan alto como
podía aquí. He conquistado la cima del Franklin Pierce College. Cumbres más
altas me esperan, todavía invictas.
Promoción 1970. Esta noche atravesé la puertita y coloqué la placa arriba del
techo de la biblioteca para que la encuentren otros en el futuro. Esta vez no me
puse tan nerviosa. Anteriormente, había estado mucho más nerviosa. Ahora ya lo
he logrado, y la puertita y la montaña han sido escaladas. La conquista de esta
montaña sólo es el principio de la próxima.
La palabra recibirme significa empezar, y la cima de la biblioteca es el
comienzo de mi escuela para graduados. Está en la naturaleza humana esforzarse,
y por eso la gente escala montañas. La razón de ello es que la gente se esfuerza
para probar que pueden hacerlo.
Después de todo ¿para qué deberíamos mandar un hombre a la Luna? La única
justificación real es que está en la naturaleza humana seguir esforzándose. El
hombre jamás se queda satisfecho con una meta, sigue subiendo. La razón
verdadera para subir al techo de la biblioteca era probar que podía hacerlo.
A lo largo de mi vida, he enfrentado cinco o seis grandes
puertas o umbrales que debí atravesar. En 1970, me gradué en el Franklin Pierce
College, una pequeña universidad orientada a las humanidades, con un diploma de
B.A. en Psicología, y me mudé a Arizona en busca del doctorado. A medida que me
encontraba a mí misma cada vez menos interesada en la psicología y más
interesada en el ganado y la zootecnia, me empecé a preparar para otro gran
cambio, que fue el paso de la carrera de psicología a la de ciencia animal. El 8
de mayo de 1971, anoté:
Siento como si me atrajeran más y más desde el lado del campo. He
atravesado la puerta de la manga de las vacas, pero todavía estoy aferrada
firmemente al marco de la puerta. El viento sopla cada vez con más fuerza y
siento que debo soltarme del marco de la puerta y volver al rancho, al menos por
un tiempo. El viento ha jugado un papel importante en muchas de mis puertas.
Cuando estaba en el techo, soplaba el viento. Quizás esto sea una señal de que
el siguiente nivel que alcance no será el definitivo y que debo seguir
avanzando. En la fiesta [del departamento de Psicología] me sentí completamente
fuera de lugar, y parece como si el viento estuviera haciendo que mis manos se
resbalaran del marco de la puerta, para que yo pueda dejarme llevar por él en
libertad.
En ese entonces, yo todavía estaba luchando en el terreno social, en gran
medida porque todavía no tenía un referente visual concreto de la abstracción
denominada "llevarme bien con los demás". Finalmente, se me presentó una imagen
mientras estaba lavando el ventanal de la cafetería estudiantil. Los estudiantes
teníamos la obligación de hacer tareas en el comedor, y cuando empecé con ésta,
no imaginaba que adquiriría un significado simbólico para mí. Este ventanal era
doble, para aislar la cafetería del exterior, pero tenía tres paneles levadizos
que permitían pasar, a gatas, para limpiarlo del lado de adentro. Mientras
estaba lavando el interior del ventanal, el panel por el que había entrado se
atoró y me dejó aprisionada entre las dos placas de vidrio. Para salir sin hacer
trizas el panel levadizo, tuve que destrabarlo con muchísimo cuidado. Allí se me
hizo evidente que las relaciones personales funcionan de la misma manera:
también se pueden hacer trizas con facilidad, y hay que tener cuidado al
encararlas. A continuación hice una asociación más sobre la forma en que la
apertura cuidadosa de las puertas se relacionaba con el momento inicial en que
se establecen las relaciones. Mientras estaba atrapada adentro del ventanal, me
resultaba casi imposible comunicarme a través del vidrio. Ser autista es estar
atrapada de una forma parecida. Las ventanas simbolizaban mis sentimientos de
desconexión con otras personas, y a la vez me ayudaban a sobrellevar el
aislamiento. A lo largo de mi vida, los símbolos de la puerta y la ventana me
han ayudado a hacer progresos y vínculos que son muy poco frecuentes entre
quienes sufrimos de autismo.
En los casos más graves de autismo, los símbolos son difíciles de entender, y
a veces, parecen totalmente desconectados de las cosas que representan. D. Park
y P. Youderian han descripto el uso de símbolos visuales y números por parte de
Jessy Park, una niña autista que entonces tenía doce años, para describir
conceptos abstractos como el bien y el mal. Las cosas buenas, como la música de
rock, las representaba con cuatro puertas y ninguna nube. La mayor parte de la
música clásica era para Jessy bastante buena, y la calificaba con dos puertas y
dos nubes. La palabra escrita le resultaba pésima, con un puntaje de cuatro
nubes y ninguna puerta. Ella había desarrollado un sistema visual de puntaje en
el cual las puertas y nubes describían esas cualidades abstractas. Jessy también
tenía un sistema muy complejo de números buenos y malos, pero los investigadores
no lograron descifrarlo plenamente.
Muchas personas se quedan totalmente perplejas ante los símbolos de los
autistas, pero a éstos les pueden proveer la única realidad tangible o la forma
de entender el mundo. Por ejemplo, para un niño autista "bizcocho" puede
significar "feliz" si él fue feliz mientras comía un bizcocho. Cada vez que el
niño visualiza un bizcocho, se pone feliz. Una imagen visual o una palabra queda
asociada a una experiencia. Clara Park, la madre de Jessy, ha descripto la
fascinación de su hija por objetos tales como los controles de las mantas o los
calentadores eléctricos. No tenía idea de por qué esos objetos eran tan
importantes para Jessy, pero observaba que ella se ponía muy feliz y su voz no
era monótona cuando pensaba en sus objetos preferidos. Jessy podía hablar, pero
no podía explicar por qué sus objetos favoritos eran importantes. Quizás
asociaba los controles de las mantas eléctricas y los calentadores con la
calidez y la seguridad. La palabra "cricket" la ponía feliz, y la frase "canción
incompleta" significaba "no sé". La mente autista opera a través de estas
asociaciones visuales: en algún punto de la vida de Jessy, una canción
incompleta quedó asociada con no saber.
Ted Hart, un hombre con un autismo grave, casi no podía generalizar, y su
conducta no tenía flexibilidad. Su padre Charles describió cómo en una ocasión
Ted puso la ropa húmeda en el tocador sin darse cuenta de que la secadora se
había roto. El sólo había seguido los pasos de una secuencia que había aprendido
de memoria sobre la limpieza de la ropa. No tenía sentido común. Mi hipótesis
sobre esta conducta rígida y la falta de capacidad de generalizar pueden deberse
en parte a que tenía poca o ninguna capacidad para cambiar o modificar sus
recuerdos visuales. Aunque almaceno mis recuerdos de las cosas como imágenes
individuales específicas, tengo capacidad para modificar mis imágenes mentales.
Por ejemplo, puedo imaginar una iglesia pintada de distintos colores, o poner el
campanario de una iglesia sobre el techo de otra, pero cuando oigo que alguien
dice la palabra "campanario", la primera iglesia que viene a mi imaginación es
casi siempre un recuerdo de la infancia y no una imagen de iglesia que yo haya
armado más recientemente. Esta capacidad de modificar las imágenes en mi
imaginación me ha ayudado a aprender a generalizar.
En la actualidad, ya no necesito el símbolo de la puerta. A lo largo de los
años, me he armado de suficientes experiencias reales e informaciones de
artículos y libros que he leído, de modo que estoy en condiciones de hacer
cambios y dar los pasos necesarios a medida que se me presentan situaciones
nuevas. Más aun, siempre he sido una lectora ávida, y eso me impulsa a recoger
más y más información para agregar a mi videoteca mental. Un programador de
computadoras, que tenía un autismo grave, dijo una vez que leer era "captar
información". Para mí, se parece a programar una computadora.
El pensamiento visual y las imágenes mentales
Estudios recientes de las
imágenes que tienen los pacientes con daños cerebrales indican que el
pensamiento visual y el verbal pueden operar a través de distintos sistemas del
cerebro. Los registros del flujo sanguíneo indican que cuando una persona
visualiza algo (por ejemplo, caminar por su barrio), la irrigación aumenta
súbitamente en la corteza visual, que es la parte del cerebro que tiene que
trabajar más. Estudios de personas con daños cerebrales muestran que las
lesiones en la parte posterior del hemisferio izquierdo pueden impedir la
generación de imágenes visuales almacenadas en la memoria de largo plazo, sin
afectar para nada el lenguaje y la memoria verbal. Esto indica que las imágenes
visuales y el pensamiento verbal pueden depender de sistemas neurológicos
distintos.
Investigaciones recientes del Dr. Pascual-Leone, de los Institutos Nacionales
de Salud (NIH), indican que el ejercicio de una habilidad visual puede hacer que
el mapa motriz del cerebro se expanda. Investigaciones realizadas sobre músicos
muestran que la práctica real con el piano y la imaginación de que se toca el
piano tienen el mismo efecto en los mapas motrices, cosa que se ha medido a
través de registros de la actividad cerebral. Los mapas motrices se expanden
tanto durante la interpretación real del piano como la imaginación de esa
interpretación, sin que la imagen de tocar las teclas al azar tenga efecto
alguno. Los atletas también han comprobado que tanto la práctica mental como la
real pueden mejorar una habilidad motriz. Las investigaciones de personas con
lesiones en el hipocampo indican que la memoria consciente de sucesos y el
aprendizaje motor son sistemas neurológicos separados. Un paciente con daños en
el hipocampo puede aprender una tarea motriz y mejorar con la práctica, pero
cada vez que la practique no tendrá un recuerdo consciente de hacer la tarea.
Los circuitos motores aprenden del entrenamiento, pero el daño en el hipocampo
impide formar nuevos recuerdos conscientes. En consecuencia, el circuito motor
aprende una tarea nueva, tal como armar un rompecabezas mecánico sencillo, pero
la persona no recuerda haber visto o haber armado el rompecabezas. Mediante la
práctica repetida, la persona adquiere cada vez más habilidad para armarlo, pero
cada vez que se le presenta el rompecabezas, dice que jamás lo había visto
antes.
Tengo la suerte de que puedo construir sobre la base de mi biblioteca de
imágenes, y visualizar soluciones a partir de esas imágenes. Sin embargo, la
mayoría de los autistas llevan vidas extremadamente limitadas, en parte porque
no pueden aceptar ninguna desviación de sus rutinas. Para mí, cada experiencia
se incorpora a los recuerdos visuales que tengo de experiencias anteriores, y de
esta manera mi mundo sigue creciendo.
Hace aproximadamente dos años, hice un avance personal muy importante cuando
fui contratada para remodelar una planta frigorífica que utilizaba métodos de
inmovilización muy crueles durante la faena de acuerdo al rito kasher. Antes de
matarlos, los vacunos vivos eran colgados cabeza abajo de una cadena que les
sujetaba una pata trasera. Era tan horrible que yo no podía soportar verlo. Los
balidos frenéticos de los animales aterrorizados podían oírse tanto en las
oficinas como en la playa de estacionamiento. A veces, se le rompía la pata al
animal al alzarlo. Esta práctica espantosa violaba totalmente el propósito
humanitario de la matanza kasher. Mi trabajo consistió en erradicar este sistema
cruel y reemplazarlo por una manga que pudiera sujetar al animal parado mientras
el rabino cumplía con el rito de matanza. Debidamente hecho, el animal debería
permanecer en calma y no tendría por qué asustarse.
La nueva manga de sujeción era una casilla metálica estrecha en la que cabía
un novillo. Estaba equipada de un yugo que sujetaba la cabeza del animal, una
puerta trasera que permitía empujarlo suavemente hacia el yugo, y una faja que
lo levantaba por la panza como un ascensor. Para que este equipo funcionara, el
operario debía bajar seis palancas de control del sistema hidráulico en la
secuencia adecuada, para abrir y cerrar las puertas de entrada y salida y para
hacer actuar los dispositivos que ponían la cabeza y el cuerpo en la posición
buscada. El diseño básico de esta manga había existido desde hacía treinta años,
pero yo le agregué mecanismos reguladores de la presión y modifiqué algunas
dimensiones críticas para hacerlo más cómodo para el animal y para impedir que
se le aplicara una presión excesiva.
Antes de instalarla en la planta, hice probar esta manga en el taller donde
se fabricó. Aunque no había animales, pude programas mi memoria visual y táctil
con imágenes del funcionamiento de la manga. Después de hacer funcionar el
equipo vacío durante cinco minutos, tenía imágenes mentales precisas de cómo se
movían las puertas y otras partes del aparato. También tenía recuerdos táctiles
de cómo sentía las palancas de esta manga en particular cuando las bajaba. Los
sistemas hidráulicos son como instrumentos musicales, cada marca tiene un sonido
distinto, como si fueran instrumentos de viento diferentes. Al hacer funcionar
los controles en el taller, pude practicar después con mis imágenes mentales. Yo
tenía que visualizar los controles reales de esa manga, y luego, en mi
imaginación, mirar mis manos bajando las palancas. Así, pude percibir en mi
mente cuánta fuerza se necesitaba para mover las puertas a distintas
velocidades. Ensayé el proceso muchas veces en mi mente haciendo entrar
distintos animales a la manga.
El primer día de trabajo en la planta, yo estaba en condiciones de ir a la
manga y hacerla andar casi perfectamente. Funcionaba mejor cuando manejaba las
palancas inconscientemente, como cuando uno usa las piernas y los brazos para
caminar. Si pensaba en las palancas, me perdía y las movía en una secuencia
incorrecta. Tuve que obligarme a mí misma a relajarme y dejar que el equipo
fuera una continuación de mi cuerpo, olvidándome por completo de las palancas.
Mientras entraba cada uno de los animales, me concentré en hacer que el aparato
se moviera lenta y suavemente, para no asustarlo. Observaba sus reacciones de
manera de aplicarle solamente la presión necesaria para sujetarlo holgadamente.
Una presión excesiva lo pondría incómodo. Si ponía las orejas hacia atrás,
pegadas a la cabeza, o si se resistía, yo me daba cuenta de que lo había
comprimido demasiado. Los animales son muy sensibles a los equipos hidráulicos,
y sienten hasta los menores movimientos de las palancas de control.
Mediante la máquina, yo sentía que llegaba al animal y lo sujetaba. Cuando
tomaba su cabeza con el yugo, me imaginaba poniéndole las manos en la frente y
bajo la papada, y acomodándolo suavemente en la posición deseada. Las fronteras
físicas parecían desaparecer, y yo no tenía conciencia de estar moviendo
palancas. La puerta trasera de empuje y el yugo de la cabeza se convirtieron en
extensiones de mis manos.
Algunos autistas tienen a veces problemas con los límites corporales. No
pueden apreciar al tacto dónde termina su cuerpo y dónde comienza la silla en la
que están sentados o el objeto que están tomando. Se parece a lo que
experimentan las personas que pierden un miembro pero siguen teniendo la
sensación del miembro en su cuerpo. En este caso, yo sentía las piezas del
equipo que sujetaban al animal como si fueran una continuación de mi propio
cuerpo, como en el efecto del miembro fantasma en el amputado. Si yo me
concentraba solamente en sujetar al animal suavemente y en mantenerlo en calma,
podía hacer funcionar muy bien la manga de sujeción.
Durante este período de intensa concentración, yo no oía ningún sonido de la
maquinaria de la planta. No sentía el calor sofocante del verano de Alabama, y
todo me resultaba silencioso y sereno. Era casi una experiencia religiosa. Mi
trabajo era sujetar al animal suavemente, y el trabajo del rabino era cumplir
con el acto final. Fui capaz de mirar cada uno de los animales, sujetarlo con
cuidado y hacer que se sintiera lo más cómodo posible durante los últimos
momentos de su vida. Había tomado parte en el antiguo ritual de matanza tal como
se suponía que éste debía hacerse. Se me había abierto otra puerta. Me sentí
como si caminara sobre el agua.