miércoles, 31 de julio de 2013

Hay que dejarles ser diferentes


Conocemos los datos, convivimos con diversos casos en la sociedad y oímos hablar de ello en muchas ocasiones, pero no entendemos lo que significa o que es lo que conlleva un Trastorno de Espectro Autista.
Tampoco se puede saber a ciencia cierta que es cuidar de alguien con este trastorno. Pero Javier García y Elena Villa, de Zumarraga, no tienen problema alguno en contarlo. Iñigo, su hijo menor, de 9 años, es autista.
Según recuerda su padre, hasta los 18 ó 24 meses Iñigo presentaba un desarrollo completamente normal. Es algo difícil detectarlo, pero tal y como indican los expertos, una detección temprana es lo ideal. “Cuando empezamos a notar que el niño no te miraba a los ojos, o que no atendía a su nombre, o estas ‘cosas raras’, te das cuenta de que algoestá pasando”, apunta Javi.
Esther Zuazu fue la neuróloga del hospital de Zumarraga que diagnosticó el caso del autismo de Iñigo. A partir de este punto, sus padres pasaron por las fases iniciales de reflexión que llevan asociadas un sinfín de emociones, como puede ser una mezcla de negación, rabia y frustración. Pero llega un punto en el que todo esto ha de sobreponerse, porque hay un niño que necesita a sus padres, unos padres que llevan trabajando duramente durante 9 años, para que su hijo sea, no solamente autónomo, sino feliz.
Tras el diagnóstico, Zuazu, a quien los padres del niño han alabado por el trato tan humano que les ofreció a ellos y a sus pacientes, les derivó de manera inmediata a la Asociación Guipuzcoana de Autismo, Gautena.
La familia García tuvo muy claro desde el primer momento que esta asociación era el lugar más adecuado para cumplir una serie de objetivos que hicieran a Iñigo avanzar de una manera relativamente normal. Hoy por hoy, el pequeño ha aprendido a leer, monta en bicicleta y utiliza un lenguaje funcional manteniendo pequeñas conversaciones con preguntas y respuestas sencillas, algo que a sus padres les resultaba impensable hace 4 ó 5 años.
El otro gran apoyo de Iñigo es Daniel, su hermano mayor, que le ha ayudado siempre a sentirse como un niño más. Daniel está más que complacido de que hoy sea el día en el que pueda jugar con su hermano a pillarse o al escondite. Incluso sus amigos, cada vez que coinciden con Iñigo tienen una atención especialmente cariñosa con él, lo que enorgullece en gran medida a Daniel.
El niño acude a un colegio ordinario, que trata de adaptarse a todas sus necesidades debido a que necesita ayuda constante en el aula. Iñigo cuenta con un auxiliar que le ayuda en todas las clases, un terapeuta y un logopeda. Los profesores y compañeros han tenido en cuenta el trastorno de Iñigo en todo momento, y le han apoyado en gran medida.
El autismo ha sido abordado por unos 1.700 investigadores en el congreso IMFAR, que finalizó el pasado sábado en San Sebastián. En referencia al congreso, los padres de Iñigo, y como tantos otros familiares de personas con autismo, han querido hacer incidencia en la investigación sobre la evolución de una persona con autismo a lo largo de su vida.
Las causas del síndrome siguen sin conocerse, pero se han aplicado muchos tratamientos con éxito en una edad temprana. Sin embargo, las personas crecen, la esperanza de vida no desciende en una persona con el síndrome de espectro autista, y es por ello que se requieren métodos que integren a estas personas en la sociedad de la mejor manera posible. Gipuzkoa, por suerte, es una provincia que marca una referencia en lo que a este aspecto se refiere.

Lo realmente importante es que la discapacidad sea vista por la sociedad. Al no padecer generalmente ningún tipo de defecto físico la sociedad no puede percibir a alguien con autismo. El padre de Iñigo aclara que, por ejemplo, una persona puede pensar que su hijo es maleducado cuando realmente no se ve qué es lo que hay detrás. Por contra, son personas que tienen un sinfín de habilidades que ofrecer. Se ha de encontrar la manera de que Iñigo, y muchos otros con este trastorno, puedan desarrollar sus potencialidades. Tal y como indicaba su padre “hay que dejarles ser diferentes, de esta manera, nos aportarán todo lo que tienen dentro, que es muchísimo”.

Latinos Crean Metodo para Detección Precoz del Autismo


    Dos investigadores de origen latino logran medir patrones de movimiento de niños pequeños para determinar si son autistas
NUEVA YORK, ESTADOS UNIDOS (24/JUL/2013).- Dos investigadores latinos han desarrollado un método para detectar el autismo en los primeros años de vida de un niño, que puede revolucionar el tratamiento precoz de esa condición.

Los resultados del estudio, realizados entre 2010 y 2012 por la cubanoamericana Elizabeth Torres y el mexicanoamericano Jorge José, se publicaron hoy en la revista especializada "Frontiers in Neuroscience", tras ser revisados por especialistas en el tema.

"Con esta investigación tratamos de desarrollar métodos que miden con precisión los patrones de movimiento de niños para determinar si son autistas", y el tipo de autismo, dijo Torres, neurocientífica de la Universidad de Rutgers (Nueva Jersey).

Hasta ahora el diagnóstico, usualmente a los tres años, se hace de forma subjetiva a partir de preguntas a los padres sobre la conducta del niño, y el descubrimiento abre la puerta a diagnosticar el autismo a temprana edad y comenzar el tratamiento.

Torres y José colocaron sensores en los brazos de 36 autistas de entre tres y 26 años, -algunos con algún nivel de comunicación- y sus movimientos fueron registrados en una computadora, confirmando "sin error" el diagnóstico que se había hecho y su nivel de desarrollo.

En el estudio, financiado con una beca de la Fundación Nacional de Ciencia y desarrollado en el laboratorio de la Universidad de Rutgers, también hubo un grupo de control de 42 personas desde tres a 60 años, que no tenían autismo, para tener un punto de referencia.

"El sensor determinó cuantitativamente con los movimientos, y sin error, lo que se había confirmado" de antemano, que los niños eran autistas, según destacó Torres, que estudió en la Universidad de La Habana y emigró a Estados Unidos a los 20 años.

Destacó que a base de observar los movimientos, que en los niños autistas no están conectados con la intención de esa acción, descubrieron que la edad es un componente importante en el diagnóstico.

"Vimos que autistas de 12 o 16 años e incluso de 25 tenían los patrones de movimiento de un niño normal de tres. O sea que el sistema sensorial motor no maduró, se quedó estancado y no interpreta el mundo externo igual que nosotros", explicó.

José, doctor por la Universidad Autónoma de México (UNAM), destacó que "el gran descubrimiento es que hay evidencia de la manera como se mueven los niños que nos puede decir cuál es el grado de habilidad cognitiva que tienen comparado con los niños normales y en general, qué tan autistas son".

"Esto no existía antes. Es la primera vez que se tiene una medida cuantitativa para el autismo que no depende de la observación", dijo José, y explicó que en la intensidad de los movimientos no voluntarios "está la clave para identificar y medir el autismo".

Agregó que se pudo medir ese movimiento no voluntario, por ejemplo, en el acto de regresar el brazo a su posición original luego de haberlo levantado para agarrar un objeto o tocar una pantalla, como hicieron los niños.

"Lo que encontramos fue que el movimiento de los niños con autismo es mucho más irregular que el movimiento de la gente normal. En algunos niños autistas es un alto grado de irregularidad", contrario a otros no autistas, indicó.

Quien se pregunte cómo ese movimiento irregular puede determinar el autismo, el investigador explicó que los autistas no pasan por la transición de un niño normal, que va desarrollando sus movimientos según crece hasta tener control y poder anticipar lo que va a hacer.

"Los niños autistas no pasan esa transición", afirmó el científico, vicepresidente de investigación de la Universidad de Indiana.

Torres agregó que "nunca se habían relacionado los movimientos con el autismo porque se ha definido el síndrome como algo cognitivo, social. Nosotros lo que hemos hecho es enfatizar en la importancia del sistema en conjunto, del cerebro y el cuerpo".

El estudio se hizo en niños de tres años pero Torres destacó con satisfacción que se puede utilizar la misma tecnología en un recién nacido, porque a esa edad "ya tiene movimientos espontáneos, tiene reflejos" y poco a poco "comienzan a explorar su ambiente, a alcanzar cosas".

"Tenemos ya la manera de medir y la instrumentación. Podemos colocar el niño en la cuna, poner cámaras y decir si tiene problemas con sus movimientos espontáneos, con sus reflejos, si no se desarrolla a la misma velocidad que otros. En los niños autistas vamos a poder medir toda esa etapa de aprendizaje, es como construir un mapa de su cuerpo", afirmó.

Fuente: http://www.informador.com.mx/tecnologia/2013/474045/6/latinos-crean-metodo-para-deteccion-precoz-de-autismo.htm

miércoles, 24 de julio de 2013

Diseñan herramienta de enseñanza-aprendizaje para autistas


    Estudiantes del IPN desarrollan el gadget ''Otras palabras'' que permite a los menores con autismo aprender de manera atractiva
CIUDAD DE MÉXICO (04/JUL/2013).- Estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN) diseñaron una herramienta informática interactiva denominada "Otras palabras", que permite a los menores con autismo aprender de manera atractiva y lograr avances en corto tiempo.

Ulises Romero Falcón y Oscar Emilio Pérez Martínez, alumnos de esa casa de estudios, indicaron que el invento fue diseñado ante la ausencia de herramientas interactivas que faciliten el proceso de enseñanza-aprendizaje de menores con dicho trastorno.

En un comunicado del IPN, los estudiantes del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos (CECyT-12) "José María Morelos y Pavón" señalaron que actualmente se utilizan materiales didácticos, como un tablero especial de comunicación compuesto por diversos pictogramas.

Sin embargo, aún con ese material muchas veces se les dificulta la enseñanza porque cuesta trabajo a los docentes captar la atención de los infantes.

Romero Falcón señaló que para conocer las herramientas y material didáctico que se emplean para la enseñanza de niños autistas, así como las deficiencias en torno a los mismos, contaron con la orientación de la psicóloga y terapeuta Leticia Romero Palacios.

El programa "Otras palabras" tiene colores vivos y sonidos atractivos, por lo que la paciente con la que se probó de inmediato mostró interés, en tanto que la respuesta con el material convencional fue menos efusiva, explicó.

Expuso que el proyecto también está estructurado por tableros de comunicación en los que se abordan los temas de medios de transporte, clima, frutas, comidas y bebidas y agresiones.

Comentó que ese tema es muy importante porque se les enseña a los pequeños que no deben permitir ni cometer abusos de ningún tipo, incluido el bullying.

"En el tablero de agresiones se incluye sonido que refuerza la conducta positiva y la negativa, ya que se le dice al niño que patear hace sentir mal y no patear genera sensación de bienestar", agregó el alumno politécnico.

Mencionó que la herramienta informática incluye el cuento de El Patito Feo, mediante el cual refuerza con pictogramas el vocabulario que se utiliza en la narración, además de que motiva a los niños para relacionar las imágenes con el sonido.

martes, 23 de julio de 2013

Un estudio de Harvard vincula el autismo con la contaminación


El aire contaminado contiene toxinas que afectan tanto a las funciones neurológicas como al desarrollo del feto en el útero, según han reflejado diferentes organismos sanitarios, entre ellos la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos (EPA, en sus siglas en inglés). Un estudio publicado esta semana va un paso más.
"Vivir en una región con altos niveles de aire contaminado puede incrementar el riesgo en las embarazadas de tener un bebé con algún trastorno del espectro autista", concluye la primera investigación nacional a este respecto en Estados Unidos, elaborada por expertos de la Universidad de Harvard y publicada este martes en la revista Environmental Health Perspectives.
"Las futuras madres que estén expuestas a altos niveles de diésel y mercurio tienen el doble de riesgo de tener niños con este trastorno que aquellas que viven en zonas limpias de polución. Dependiendo del contaminante, del 20% al 60% de las mujeres que participaron en nuestro estudio viven en áreas donde el riesgo de autismo es elevado", ha asegurado Andrea Roberts, autora e investigadora asociada en el Harvard School of Public Health, a The Huffington Post.
Estudios anteriores habían establecido una vinculación potencial entre estos dos factores, aunque las muestras eran muy pequeñas. La primera vez que se encontró la relación entre autismo y polución fue en 2006, en un estudio elaborado por el Departamento de Salud de California. El último se publicó en noviembre 2012.
Según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades, uno de cada 50 niños es diagnosticado con autismo o algún trastorno relacionado en EE UU. Estos trastornos están acompañados por deficiencias en la interacción social y, en la mayoría de los casos, se presentan patrones restringidos, repetitivos y estereotipados del comportamiento. A pesar de que muchos de los niños son diagnosticados a la edad de 8 años, hay un incremento del número de casos entre los menores de tres años.
Los investigadores dividieron en cinco las áreas de estudio, que iban desde lugares en los que las mujeres vivían en zonas con altos niveles de polución hasta casi ninguna. Tras analizar los datos atmosféricos del área donde vivió cada mujer durante su embarazo y parto y ajustar otros factores como los ingresos económicos, la educación y si eran fumadoras o no en su gestación (usando datos de la EPA), los datos mostraron que las mujeres embarazadas que vivían en las zonas más contaminadas con diésel y mercurio tenían el doble de riesgo de tener un niño autista que aquellas que vivían en zonas más limpias.
En cuanto a otros tipos de contaminantes -como manganeso, metales pesados y plomo-, también se encontró cierta relación, pero no en tan alta proporción. “Todos los productos químicos sometidos a estudio, conocidos como neurotoxinas, de los que se sabe que hay transmisión de la madre al feto, hacen posible que lo que esté respirando la madre afecte al cerebro del bebé”, ha continuado Roberts.
La investigación actual incluye una muestra muy amplia de mujeres repartidas por los 50 Estados que conforman la nación. El estudio evaluó a 325 mujeres que habían tenido un hijo con autismo y a 22.000 con hijos libres de trastorno. Fueron seleccionadas de una muestra total de más de 110.000 particpantes recogidos en The Nurses Health Study II, con niños nacidos desde 1989 hasta 2002.

Los autores advierten que los resultados deben ser leídos "con cuidado", sobre todo en lo que respecta al riesgo relacionado con el mercurio. Muchos padres en EE UU están preocupados por el hecho de que este elemento se usa en las vacunas y su relación con el autismo "a pesar de que esta preocupación ha sido muy estudiada y rechazada en más de una ocasión por los científicos"

lunes, 22 de julio de 2013

Amame como soy... Poema para un niño autista


Ámame como soy
No insistas en que cambie
El tono de mis sueños
Ni para ponerme a la moda…

Ámame como soy…
Misterioso e incoherente.
Obstinado y cariñoso…
Cada día menos ausente
Un poco más presente
Pero experimentado en la soledad sabrosa
Traduce el mundo para mi,
A fin de cuentas, ¿quién es el incoherente?

Pero,
Ámame como soy,
Caminante de trayectos desconocidos
De sonrisa perdida…
La luz que no puede medirse…
La paz no se viste de exigencias.
La paz se desnuda de odios,
Es mística y solidaria con el otro…

Ámame como soy,
Un cuerpo adulto con alma de niño.
Y quien me condena al olvido
No comprende que yo amo a mi manera

Por eso,
Ámame como soy,
Medio gente, medio ángel,
Casi una esencia…

Me duele la vida que no comprendo.
No me olvido de los rostros…
Pero prefiero los detalles de los objetos
Que no me compran y no me instan
A ser lo que no soy

Por favor, ámame como soy,
Medio piedra, medio mar, medio arena…
Medio cielo, medio infierno.
Lo que hizo la genética no me ayudó.

Por eso, ámame como soy…
Medio oyente, medio hablante, casi mudo.
Nada pasional, nada malicioso,
Casi un ser invisible…
Pero, humanidad, ¡ámame como soy!

Autora: Lie Ribeiro, mamá de un chico con autismo

domingo, 21 de julio de 2013

Los Niños que Tienen que Aprender que una Escoba puede ser un Caballo


A Damián Fernández y Emma Novoa les ha tocado la lotería dentro de la lotería. O  no tanto, porque el nivel de prevalencia del autismo a aumentado en los últimos treinta años de un niño cada 4.000 a un niño de cada 250.
Y de cada cutaro  autistas, sólo hay una niña. Hace treinta años habría sido mucho más difícil crear una Asociación Autismo Ceuta, porque había menos. Pero ahora hay más. “Uno de los médicos con los que consultamos, un neurólogo, nos dijo que éste es el precio del Primer Mundo”, comenta Damián.
Ahora, Yaiza tiene ocho años y una hermana menor  que “le ha ayudado mucho a mejorar en el plano afectivo”. La parte buena, que es una niña y simplemente su hermana no habla “porque es su hermana y es así”,  sin busarle explicaciones de adultos. Si ya es difícil cuidar y educar dos niños, más complicado es aún hacerlo si uno es autista. En primer lugar, por los miedos y la desinformación. “Los propios profesores nos han tenido que enseñar cómo educarla”, cuenta Damián. Su madre, Emma, resalta lo duro que es darle una disciplina férrea y una rutina diaria, lo que más necesitan.
Pero Yaiza sorprende. Mientras que los demás niños pedirían un vaso de agua y sin más esperarían, ella ve uno y, como tiene sed, lo bebe. O ve una barba y, como le gusa su tacto, la toca. Sea de quien sea. Actitudes que, desde  el principio, trastocaron la vida de sus padres. Emma tuvo que solicitar la media jornada para que siempre uno de los dos pudiera estar en casa con ella, por ejemplo.
Precisamente, el momento en que dos padres descubren que su hijo o hija tiene un TAE (trastorno del espectro autista), es uno de los más duros. Y ellos  quieren contarlo porque “le puede pasar a cualquiera, y hay mucha desinformación”. Es un ánimo a quienes lo puedan tener, y es saber que el mundo no se acaba, aunque cambia mucho. “Tu esquema de prioridades cambia por completo”, explica Emma. Para empezar, este es un trastorno que se suele detectar casi a los dos años, puesto que antes es imposible.
Siguiendo, se intentan descartar antes otras opciones. Es el caso de José Antonio Rodríguez, padre de otro niño con autismo, que cuenta el proceso. “Al principio le hicimos pruebas para ver si es que tenía sordera, porque no respondía a nuestro nombre. Lo descartamos, hasta que nos diagnosticaron el TEA. Y en ese momento no sabes qué es mejor, si estás aliviado por saber qué tiene o si era mejor que hubiera sido lo otro”, cuenta.
Parecido les pasó a los padres de Yaiza. “Imagínate”, dice Damián. Comienza entonces un proceso en el que hay que aprender y derribar ideas preconcebidas. Por ejemplo, “el mito del niño autista que se va solo a una  esquina sin hacer nada es falso. Muchos TEA van acompañados de hiperactividad”. Es el caso de su hija, que no puede para quieta.
Y llegan las preguntas. Una de las que hacen casi todos los padres es la de si su hijo podrá hablar. “No hay respuesta, es que no te lo pueden decir”, cuenta Damián. Así que, con esa incertidumbre del futuro, queda pensar mucho más en el día a día y en los pequeños progresos.  Puede que no consiga hablar, pero sí comunicarse; para eso existen las ayudas visuales. Algo tan sencillo como una tableta electrónica llamada ‘springboard’, con pantalla táctil. Es el momento en el que Yaiza ve jugar a su hermana Emma co las pompas de jabón, y lo pide a través del tablero pulsando el icono correspondiente.
Eso, de por sí, es un logro porque uno de los mayores problemas que tienen los niños autistas es la gran dificultad para imaginar. “Por ejemplo, un niño autista no pensará que una escoba es un caballo, o que unos coches de juguete son unos coches de verdad. Hay que enseñárselo”, explica Marisa García, maestra de pedagogía terapéutica.
Lo importante es encontrar qué le gusta a cada niño. En el caso de Yaiza son, por ejemplo, los juegos de ordenador, pasear por la calle y el coche. “Aprovechando lo que le gusta aprenden más. Son niños que se mueven por motivación. A lo que le gusta se adapta rapidísimo”, cuenta Damián. Y Yaiza pone los ojos como platos cuando su hermana pequeña hace el símbolo de manejar un volante de coche.

¿EDUCACIÓN ESPECIAL O INTEGRACIÓN?
LOS PADRES: Teóricamente, los padres no tienen poder decisorio para saber si su hijo o hija estudiará en un colegio de educación especial o en un aula de integración. En la práctica, y aunque no tienen la última palabra, sí tienen mucha influencia. “Si una psicóloga no hubiera analizado a nuestro hijo, habría ido directo a San Antonio por su comportamiento en la guardería”, explica José Antonio Rodríguez. En su caso, su hijo está en un aula de integración, en un colegio con los niños ‘normales’ (al fin y al cabo, cada uno es diferente y varios pueden tener TDAH u otros trastornos que también debe tener muy en cuenta el tutor). Su caso es el de casi todos los padres de niños que presentan algún tipo de discapacidad. ¿Se integrará bien? ¿Le aceptarán los otros niños? Las dudas de cualquier padre, pero aumentadas. Y una preocupación desmesurada por el futuro. “Lo hemos pensado mucho, pero hemos llegado a la conclusión de que tenemos que preocuparnos por el día a día, el hoy, mañana y pasado”, añade Rodríguez. Por ahora, se siente muy cómodo con la opción, ya que ve cómo su hijo “se ha integrado bien con los otros niños, incluso le protegen, y le ha ayudado porque en algunas cosas les imita”.
Los padres de Yaiza Fernández Novoa, Emma y Damián, optaron(en la medida de lo posible para los padres) por la educación especial. “Lo pensamos mucho, y es un paso difícil. Pero en su clase hay cuatro niños, y están atendidos por una maestra especialista y una cuidadora. Además, está con niños autistas, y puede resultar más fácil para ella”, comenta Damián Fernández, su padre. “Lo que aconsejamos a todos los padres es que se olviden del qué dirán y miren sólo lo que es bueno para su hijo o hija”, afirma Emma Novoa, su madre. También aseguran que la educación especial “es integración”, puesto que en realidad, lo que pretenden, es dotar a los alumnos de herramientas suficientes para hacerlos lo menos dependientes posibles. Un ejemplo de ello es el método que utiliza para comunicarse, la ‘springboard’, una tableta electrónica portátil en la que, a través de pictogramas, el niño dice qué es lo que quiere hacer. Algo que también usan niños en aulas de integración.
MAESTRA DE INTEGRACIÓN: Marisa García es maestra de pedagogía terapéutica en el CEIP Lope de Vega, donde hay 3 niños autistas y otros 3 diagnosticados con Trastornos Generales del Desarrollo. Su opinión es bastante tajante. “Los centros de educación especial no deberían existir; en todo caso deberían ser centros de recursos para los maestros de pedagogía terapéutica que tienen niños con necesidades educativas especiales”, asegura. Lo dice con la experiencia de haber estado trabajando ocho años en el centro San Antonio, donde, asegura, “hay magníficos profesores”. Y, de hecho, explica como, de algún modo, aprende de ellos. “Hemos recibido mucha ayuda, por ejemplo de las logopedas. En el San Antonio hay un equipo excelente de profesionales, y aprendemos mucho”, comenta. También es cierto, explica, que entiende que hacen falta más recursos. “Si se quiere, se puede. Claro, todos los colegios tendrían que tener una ratio menor, y por ejemplo las tutoras que tienen que atender a 28 niños, pues igual deberían tener 20. O, por ejemplo, deberían ponerse rampas”, explica. “Hay niños que igual sí que no pueden seguir el ritmo normal, en los casos con discapacidad más profunda. Pues bueno, que tengan un aula pero dentro del mismo colegio en el que hay  niños normales, porque hasta el que tiene una discapacidad más profunda se puede integrar”, añade García. Insiste en que todo es cuestión de recursos.
MAESTRA DE EDUCACION ESPECIAL: Sandra López Cantero es maestra con la especialidad de pedagogía terapéutica en el único centro de educación especial que hay en Ceuta, el San Antonio. Su opinión personal como educadora es que, en líneas generales, “hay que potenciar la inclusión”. Obviamente, ve también las ventajas que existe en un aula como la suya. “Mi aula cuenta con seis niños pequeños y salen sólo para dar sesiones de logopedia. Además cuentan con sus respectivas sesiones de psicomotricidad y música. La ventaja es que al estar en un aula de autismo dentro de un centro específico la distribución del aula y la metodología a seguir es la adecuada para ellos. El ambietne está controlado, anticipado y estructurado visualmente. Contamos con muchos recursos materiales y personales. Existe un gran trabajo en equipo y estamos especializados en la intervención”, comenta López. En ocasiones, es posible que el aula de un colegio de educación especial sirva también para liberar a los padres, pues los niños pueden estar ahí hasta las seis de la tarde, un horario mayor que en otros centros. Sin embargo, López se queja de que “al aumentar el diagnóstico de niños éstos están siendo escolarizados en el centro de educación especial y nos encontramos que lo que era antes un centro lleno de recursos, éstos se ven limitados y los niños cada vez reiben menos atención directa”. “La clave está siempre tanto de un sitio como de otro en dotar de recursos materiales y personales. Por eso algunas comunidades están experimentando con las aulas estables que son aulas de niños con TEA (trastorno del espectro autista) dentro de un centro de integración. Los niños cogen así las ventajas de un sitio y de otro”, afirma.

viernes, 19 de julio de 2013

Descubren alteraciones en la placenta relacionadas con el autismo



Investigadores de la Yale School of Medicine de la Universidad de Yale (EE.UU.) han publicado un estudio de cohorte sobre la presencia de pliegues irregulares en la placenta así como de un un crecimiento celular anormal provocado por una proliferación irregular de un tipo de células denominadas trofoblastos, estas alteraciones pueden ser usadas como un biomarcador para la detección temprana del autismo.
Se analizaron las placentas de 217 nacimientos (117 de familias que ya tenían un hijo con autismo y 100 de familias sin antecedentes), los resultados mostraron que las placentas de las familias del grupo con antecedentes familiares de autismo presentaban un máximo de 15 inclusiones trofoblásticas, mientras que ninguna de las placentas del grupo de control tenía más de dos inclusiones trofoblásticas. Se considera un riesgo la aparición de mas de 4 inclusiones.
Según el Dr. Harvey Kliman, autor principal del estudio, una placenta con cuatro o más inclusiones trofoblásticas predice con una probabilidad de 96,7% de estar en riesgo para autismo, y encontraron hasta 15 en las placentas de familias con riesgo de autismo. “Para mí, esta es la cosa más importante que he hecho en toda mi carrera. Creo que tiene el potencial de ayudar a un gran número de personas“, dijo el Dr. Kliman en declaraciones a los medios de comunicación.
Los resultados de este trabajo nos aportan diversos datos de interés. Por una parte un nuevo sistema de detección temprana del autismo, y por otra parte, afianza aún más el carácter prenatal del autismo, aunque quedan algunas incógnitas en el aire, el propio Kliman añadió “lo más probable es que esto sea un síntoma de una alteración fisiológica o de una predisposición genética, sobre todo debido a su asociación con otras anomalías genéticas, y es casi seguro que será desencadenado por factores medioambientales”. Este es el biomarcador de mayor calidad que se ha descubierto hasta el momento, que sin ser capaz de identificar el 100% de los casos, sí presenta mucha fortaleza en los positivos.
Bibliografía:

Cheryl K. Walkera, Kaitlin W. Andersong, Kristin M. Milanoh, Saier Yei, Daniel J. Tancredie, Isaac N. Pessahc, Irva Hertz-Picciottob, Harvey J. Klimang. Trophoblast Inclusions Are Significantly Increased in the Placentas of Children in Families at Risk for Autism. Biological Psychiatry (2013). DOI: 10.1016/j.biopsych.2013.03.006.

jueves, 18 de julio de 2013

Carta de un Niño Autista a sus Padres



A mis papis, lo que hay en mi cabecita!

1. Ayúdame a comprender mi entorno. Organiza mi mundo y facilítame que anticipe lo que va a suceder. Dame orden, estructura y no caos.
2. No te angusties conmigo, porque haces que también me angustie. Respeta mi ritmo. Siempre podrás relacionarte conmigo si comprendes mis necesidades y mi modo especial de entender la realidad. No te deprimas, lo normal es que avance y me desarrolle cada vez más, aunque a veces tenga algunos retrocesos.
3. No me hables demasiado, ni tampoco rápido. Las palabras son "aire" que no pesa para ti, pero pueden ser una carga muy pesada para mí. Muchas veces no son la mejor manera de relacionarte conmigo.
4. Como otros niños y adultos, también necesito compartir el placer y me gusta hacer las cosas bien, aunque no siempre lo consiga. Hazme saber, de algún modo, cuándo he hecho las cosas bien y ayúdame a hacerlas sin fallos. Cuando tengo demasiados fallos me sucede igual que a ti: me irrito y termino por negarme a hacer las cosas.
5. Necesito más orden del que tú necesitas, que el medio sea mas predecible de lo que tú requieres. Tenemos que negociar mis rituales para convivir.
6. Me resulta difícil comprender el sentido de muchas de las cosas que me piden que haga. Ayúdame a entenderlo. Trata de pedirme cosas que puedan tener un sentido concreto y descifrable para mí. No permitas que me aburra o permanezca inactivo.
7. No me invadas excesivamente. A veces, las personas son demasiado imprevisibles, demasiado ruidosas, demasiado estimulantes. Respeta las distancias que necesito, pero sin dejarme solo.
8. Lo que hago no es contra ti. Cuando tengo una rabieta o me golpeo, si destruyo algo o me muevo en exceso, cuando me es difícil atender o hacer lo que me pides, no estoy tratando de hacerte daño. Ya que tengo un problema de intenciones, no me atribuyas malas intenciones. Batallo para entender lo que está bien y lo que está mal.
9. Mi desarrollo no es absurdo, aunque no sea fácil de entender. Tiene su propia lógica y muchas de las conductas que llamas "alteradas" son formas de enfrentar el mundo desde mi especial forma de ser y percibir. Haz un esfuerzo por comprenderme.
10. Las otras personas son demasiado complicadas. Mi mundo no es complejo y cerrado, sino simple. Aunque te parezca extraño lo que te digo, mi mundo es tan abierto, tan sin tapujos ni mentiras, tan ingenuamente expuesto a los demás, que resulta difícil penetrar en él. No vivo en una "fortaleza vacía", sino en una llanura tan abierta que puede parecer inaccesible. Tengo mucha menos complicación que las personas que se consideran normales.
11. No me pidas siempre las mismas cosas ni me exijas las mismas rutinas. No tienes que hacerte tú autista para ayudarme. ¡El autista soy yo, no tú!
12. No sólo soy autista. También soy un niño. Comparto muchas cosas de los niños a los que llamas "normales". Me gusta jugar y divertirme, quiero a mis padres y a las personas cercanas, me siento satisfecho cuando hago las cosas bien. Es más lo que compartimos que lo que nos separa.
13. Merece la pena vivir conmigo. Puedo darte tantas o más satisfacciones que otras personas, aunque no sean las mismas. Puede llegar un momento en tu vida en que yo, que soy autista, sea tu mayor y mejor compañía.
14. No me agredas químicamente. Si te han dicho que tengo que tomar una medicación, procura que sea revisada periódicamente por el especialista.
15. Ni mis padres ni yo tenemos la culpa de lo que me pasa. Tampoco la tienen los profesionales que me ayudan. No sirve de nada que se culpen los unos a los otros. A veces, mis reacciones y conductas pueden ser difíciles de comprender o afrontar, pero no es por culpa de nadie. La idea de "culpa" no produce más que sufrimiento en relación con mi problema.
16. No me pidas constantemente cosas por encima de lo que soy capaz de hacer. Pero pídeme lo que puedo hacer. Dame ayuda para ser más autónomo, para comprender mejor, pero no me des ayuda de más.
17. No tienes que cambiar completamente tu vida por el hecho de vivir con una persona autista. A mí no me sirve de nada que tú estés mal, que te encierres y te deprimas. Necesito estabilidad y bienestar emocional a mi alrededor para estar mejor. Piensa que tu pareja tampoco tiene culpa de lo que me pasa.
18. Ayúdame con naturalidad, sin convertirlo en una obsesión. Para poder ayudarme, tienes que tener tus momentos en que reposas o te dedicas a tus propias actividades. Acércate a mí, no te vayas, pero no te sientas como sometido a un peso insoportable. En mi vida, he tenido momentos malos, pero puedo estar cada vez mejor.
19. Acéptame como soy. No condiciones tu aceptación a que deje de ser autista. Sé optimista sin hacerte "novelas" o “castillos en el aire”. Mi situación normalmente mejora, aunque por ahora no tenga curación.
20. Aunque me sea difícil comunicarme o no comprenda las sutilezas sociales, tengo incluso algunas ventajas en comparación con los que llamas "normales". Me cuesta comunicarme, pero no suelo engañar. No comprendo las sutilezas sociales, pero tampoco participo de las dobles intenciones o los sentimientos peligrosos tan frecuentes en la vida social. Mi vida puede ser satisfactoria si es simple, ordenada y tranquila. Ser autista es un modo de ser, aunque no sea el normal o esperado. Mi vida como autista puede ser tan feliz y satisfactoria como la tuya "normal". En esas vidas, podemos llegar a encontrarnos y compartir muchas experiencias.

miércoles, 17 de julio de 2013

Pan de Arroz

Para quienes siguen la dieta sin gluten....



Ingredientes

100 grs de manteca de leche
1 lata de leche condensada
300 grs. de harina de arroz
3 huevos
2 peras en puré
1 manzana rallada
1/2 taza de nueces molidas
2 cucharaditas de polvo de hornear
1 taza de se
Preparación
Colocar en un bol la leche condensada y batirla muy bien con la manteca derretida a baño de María (nunca derretir la manteca a fuego directo). Cuando quede bien cremosa añadir los huevos batidos, el puré de peras, la manzana rallada, las nueces, y la harina mezclada con el polvo de hornear. Encima, espolvorear las semillas de sésamo.

Colocar la mezcla en una budinera enmantecada y enharinada, y dorar en horno de temperatura media.

martes, 16 de julio de 2013

Autismo de Alto Funcionamiento y los nuevos desafíos


En la última década la visión sobre los Trastornos del Espectro del Autismo (TEA) ha cambiado de forma radical, desde su comprensión hasta sus modelos de intervención. Este cambio de paradigma está suponiendo también una nueva forma de entender y afrontar los TEA desde el punto de vista sanitario al educativo. Estos cambios profundos tienen una gran relación con una mayor visibilidad de los TEA y con inmensos avances en la intervención, siendo esto último lo que han impulsado de forma definitiva este cambio global de la percepción.
Hasta hace relativamente poco se hablaba de que alrededor de 75 al 80% de las personas con Autismo tenían una discapacidad intelectual asociada, y que la personas con Síndrome de Asperger no eran más que una especie de genios excéntricos, estando estimada la prevalencia de los TEA en 1 de cada 2500. Actualmente estas cifras y datos han cambiado de forma radical, hoy la prevalencia media de los TEA se estima en 1 de cada 150 personas aproximadamente y más del 60% de los niños con Autismo que reciben atención temprana y terapia de calidad son considerados de alto funcionamiento, y de la misma forma, en los relativo al Asperger, se está empezando a entenderlo de la forma correcta, teniendo a día de hoy una visión más real sobre cómo incide en la persona.
Pero a pesar de todo esto, sigue existiendo una imagen de la persona con autismo relacionada a personas no verbales y con conductas problemáticas, a pesar de que esto sea solo cierto en un grupo concreto de personas con autismo, ya que dentro del inmenso espectro del autismo vamos a encontrar todo tipo de perfiles. También sabemos que cuando existen comorbilidades asociadas, tales como déficit de atención con o sin hiperactividad, epilepsia o discapacidad intelectual, el desarrollo del niño siempre es más lento y complejo, pero a pesar de eso, sí hay un desarrollo. También sabemos que con una adecuada intervención la práctica totalidad de los niños con autismo pueden desarrollar lenguaje, en algunos casos de forma muy importante y en otros casos para tener un lenguaje que tenga una calidad comunicativa suficiente para las actividades de la vida diaria, tan solo en casos muy concretos encontraremos una imposibilidad de desarrollar ningún tipo de lenguaje verbal, pero sí puede existir un modelo de comunicación. Mientras que hasta hace relativamente poco, este tipo de cuadros severos eran la norma. Sin embargo, hoy en día, muchos adultos con autismo están presentando avances que les permiten mejorar su calidad de vida gracias a un cambio en el modelo de intervención.
Estamos por tanto ante un panorama bastante diferente al que durante mucho tiempo se ha asociado a los TEA. Pero uno de los mayores problemas que esta “novedad” tiene es que el aspecto más importante, el relativo a esa atención de calidad, no es accesible a todo el mundo. En algunos casos será por cuestiones económicas, en otros por aspectos puramente geográficos (No es lo mismo nacer en Quito que en San Sebastián) y un tercer aspecto relacionado a esta cuestión es el relativo a aspectos socio-económicos y culturales de la familia. La combinación de estos factores incide directamente en la posibilidad a acceder a estas intervenciones.
Pero el hecho innegable es que cada vez más y más familias están teniendo la posibilidad de acceder a un modelo de intervención temprano y adecuado. Y esta situación está creando a su vez una mayor población de niños con autismo que consiguen desarrollar grandes capacidades, siendo considerados como niños con Autismo de Alto Funcionamiento, y este grupo creciente de niños se enfrenta paradójicamente a nuevos problemas, desde sociales a educativos. Incluso muchos psicólogos y especialistas se encuentran con cada vez más niños que siguen dentro del diagnóstico “por los pelos”, quedando en una especie de limbo a medio camino entre ambos “mundos”. En muchos casos encontramos que familias cuyos hijos (por la razón que sea) no han tenido el mismo proceso evolutivo necesitan negar el “autismo” de estos niños florecientes, o sencillamente llevarlos al campo del Asperger en su versión más amable. Desde las administraciones y entidades prestadoras de servicios (Compañías de seguros de salud) también entran al trapo de la pérdida del diagnóstico, ya que obviamente al perder el diagnóstico se pierden también las terapias y ayudas, ahorrando un costo importante. Y desde algunos profesionales, sencillamente dicen que quizá se equivocaron, o incluso miran hacia otro lado.
Curiosamente en vez de dar una mayor relevancia a estos modelos de intervención, se prefiere negar la mayor. Cosa que por cierto perjudica a todos. Afortunadamente se está trabajando en la línea de evitar que este tipo de posición no cale y se entienda sencillamente que el trabajo bien hecho dará siempre buenos resultados en cualquier niño. Basarnos en el modelo de lograr el 100% de las capacidades de cada niño, pero centrándonos en el niño, es a día de hoy una máxima entre el grupo mayoritario de profesionales y familias. De forma que podamos dar al niño la posibilidad que pueda adquirir la mayor cantidad de competencias en el menor tiempo posible. En algunos niños serán muchas, en otros serán algunas menos, siempre en función de cada niño. De la misma forma que hay personas que son ingenieros aeroespaciales y otras carpinteros, las diferentes capacidades de cada persona no la convierten en mejor ni peor, sencillamente en diferentes, cosa que por cierto enriquece a todos.
Sin embargo el niño con Autismo de Alto Funcionamiento se enfrenta a una serie de nuevos retos que hasta el día de hoy no se habían contemplado y que, aunque parezca mentira, lo ponen en una situación de desventaja frente a niños con autismo y un nivel menos elevado de competencias. Por una parte la posibilidad de perder los apoyos, a pesar de que los sigue necesitando. Otro es el aspecto social, donde al estar “tan bien” su entorno social se olvida totalmente de su autismo y acaba siendo discriminado y excluido. A su vez, la familia sufre otro tipo de exclusión, ya que al estar su hijo en esta especie de limbo no encaja en ningún grupo social, está mal visto por quienes tienen hijos con un nivel más bajo de competencias (ya sea porque les quitan el diagnóstico, por agravio comparativo, por tildarlos de arrogantes o presumidos, etc) y está mal mirado por los centros educativos, quienes intentan por todos los medios eliminar los apoyos al niño y considerando de exageradas las peticiones de las familias. Y curiosamente quien siempre pierde es el niño. Y en vez de ver una posibilidad inmensa de que todos mejoren, los ven casi como una amenaza.
Con lo cual estos niños y sus familias actualmente se enfrentan a una serie de retos bastante complejos. Si a pesar de sus buenas capacidades su comportamiento sigue presentando alteraciones, son tildados de maleducados y en vez de darles apoyo se les castiga, en esto muchos centros escolares se están cubriendo de gloria y demostrando su total y absoluta capacidad de comprender las diferencias y por tanto de tener un conocimiento sobre la infancia y su gran diversidad. Cosa que no deja de ser preocupante, sobre todo si tenemos en cuenta que nuestros hijos pasan muchas horas en el colegio. Y las familias que no aceptan esta versión del autismo no entienden como propio el problema social, generando una rotura en la cohesión del grupo de familias de personas con TEA, de forma que se pierde también la fuerza del grupo. Es por eso que trabajar para concienciar sobre este aspectos es tan importante.
También es importante que se entienda que Autismo de Alto Funcionamiento y Síndrome de Asperger no son lo mismo, aunque a partir de la adolescencia ambos se solapen en muchos aspectos, sus desarrollos en la infancia son muy diferentes y sus necesidades iniciales también. En lo relativo a la vida adulta tenemos poca información, principalmente por lo nuevo de esta situación, y todo esto a pesar de que cada día hay más y más casos, de forma que estamos ante una generación de niños que van a tener la responsabilidad de ser quienes marquen las pautas, con todo lo bueno y malo que esto tiene.
Entre los retos a los que se enfrentan principalmente nos encontraremos con:
  • Exclusión social
  • Restricción del acceso a ayudas públicas para tener una atención terapéutica
  • Restricción de acceso a educación superior, ya que siguen teniendo problemas relacionados con el autismo, y les restringen sus capacidades sociales
  • Limitación y problemas para el acceso al mundo laboral
En suma, barreras para el desarrollo de una vida digna, con lo cual, su futuro prometedor se oscurece. ¿Una situación paradójica no creen?, son víctimas de su propio éxito.
Mi hijo empezó a despuntar a partir de los 5 años y medio aproximadamente. Sus avances se dispararon y día de hoy, cuando recuerdo cómo era con 3 o 4 años, viendo fotografía o vídeos, yo mismo me sorprendo del cambio tan grande que ha dado, bueno, la verdad es que no soy el único sorprendido, quienes han trabajado con mi hijo (y que son también culpables de estos avances) recuerdan los problemas que tuvo. Desde un desorden sensorial a todos los niveles, conductas muy problemáticas, cero comunicación, ausencia de juego simbólico,…, en fin, autismo, a que hoy sea capaz de jugar en el equipo de fútbol de su colegio, desde hace tres cursos se vaya de campamento una semana sin apoyos y asista a un aula regular en un colegio público (aunque tiene determinados apoyos) y no se calle ni debajo del agua. ¡Con lo que costó que hablase y lo que hoy cuesta que se calle! Pero esto también nos ha traído nuevos problemas. Cada día es más y más consciente de sus diferencias, ahora, a punto de cumplir los diez años, cada vez encuentra más y más dificultades a la hora de interactuar adecuadamente con sus compañeros. De hecho determinadas acciones de sus compañeros de clase le resultan muy lesivas, sencillamente no es capaz de entenderlas. Mi hijo sigue creyendo que todos sus compañeros de clase son sus amigos, él así los ve, pero claro, esto no siempre es recíproco, con lo cual el rechazo de algunos de ellos le resulta muy doloroso. Los grupos se crean por intereses y afinidades, y estos grupos suelen ser más o menos permeables en función de una larga lista de aspectos, pero lo que para cualquier otro niño es un proceso absolutamente natural, en el niño con autismo no. Y esto crea a su vez una serie de problemas asociados.
En el niño con autismo de alto funcionamiento (la verdad es que la definición nunca me ha gustado pero de momento la utilizaré por una cuestión de pragmatismo) muchos aspectos relacionados con el lenguaje siguen siendo un reto. La construcción de frases largas suele seguir siendo algo complejo, y a su vez la comprensión de frases largas (las de los demás) también es complejo. Determinados aspectos del lenguaje gestual y expresivo, siguen siendo difíciles de comprender e interpretar. Y si combinamos un poco los problemas la respuesta del niño está demostrando los aspectos que, asociados al autismo, afectan a la conducta y comprensión del niño. Por ejemplo, una mala comprensión de una demanda realizada de forma verbal puede generar una respuesta errónea del niño hacia sus pares, de manera que la interacción social no sea la correcta. Cuando hablamos de niños de menos de 8 años, la respuesta negativa no suele ser tan traumática, pero a partir de esa edad, la respuesta del niño será cada vez más intensa, tiene autismo, no procesa de forma adecuada las peticiones de los demás, pero él a lo mejor no es plenamente consciente, y por tanto, no comprende el rechazo o la respuesta inesperada de sus pares.
Tenemos por tanto a un niño que tiene buena capacidad cognitiva, un nivel verbal bastante avanzado, unas buenas capacidades mentalistas (Teoría de la Mente), un buen nivel de comprensión social sobre situaciones aprendidas, y que sin embargo ante situaciones inesperadas no reacciona adecuadamente, o incluso que reacciona igual de mal ante la misma situación, de hecho, las funciones ejecutivas también están ligadas a este aspecto, y en el niño con autismo están afectadas. Por tanto, la incomprensión de situaciones o acciones le va a generar una evidente frustración ante una respuesta inadecuada, esta frustración se va a materializar en una serie de posibles conductas, que son necesario detectar para poder encontrar el origen de las mismas y extinguir el problema:
  • Angustia y estados depresivos
  • Ansiedad y estrés creciente
  • Nerviosismo, irritabilidad y conductas explosivas
  • Conductas desafiantes y oposicionistas
  • Aumento de la rigidez conductual
A veces el niño no sabrá explicar adecuadamente qué le pasa, o el origen de su situación. Siempre es una buena idea recurrir a historias sociales, o incluso a crear una especie de cómics de lo sucedido durante el día. De forma que podamos secuenciar qué ha pasado durante la jornada, esta secuenciación visual ayudará al niño a organizar las situaciones y nos servirá también a nosotros para detectar posibles problemas o situaciones que generan este tipo de problemas. A su vez, el ir dibujando con el niño esta especie de guión gráfico del día, nos ayudará a entender mejor cómo procesa la información y nos va a ser de gran utilidad para detectar futuros problemas. Personalmente, cuando mi hijo ha sido totalmente incapaz de explicar alguna situación que le ha traumatizado, la única forma que hemos tenido de averiguar qué le pasó en el colegio fue este sistema. Por una parte el dibujar requiere de cierta atención, de forma que también nos puede resultar relajante y eliminar las tensiones, a su vez el niño al ver que es capaz de explicar qué le pasa, y ver como comprendemos correctamente el problema va a sentir un gran alivio, una vez que hemos acabado este proceso y hemos descubierto qué es lo que altera al niño, haremos una pequeña pausa, que por cierto nos vendrá bien para reflexionar cómo vamos a enfrentar esta situación. Es importante asegurarse que el niño no se sienta culpable. Es importante usar siempre un lenguaje claro, sencillo y directo al grano, usemos expresiones que no generen diferentes interpretaciones, apoyen visualmente este trabajo y conseguiremos reducir la tensión y los problemas.
Uno de los mayores problemas con los que se va a enfrentar es el acoso escolar. Este puede darse desde muchos niveles o incluso ser malinterpretado por el niño, ojo a esto último. En situaciones sociales normales un niño puede mandar al otro al cuerno sin mayor intención que un “Déjame en paz”, pero puede ser interpretado como una agresión, cuando en realidad no lo es. Hay que trabajar este tipo de aspectos sociales para que el niño sepa discernir entre lo que es una agresión propiamente dicha (sea física o psicológica) o una conducta propia de la edad.
Otro de los aspectos son los relativos a los apoyos en el aula, si estos disminuyen o desaparecen, el rendimiento académico puede verse afectado muy seriamente. Es por eso importante no bajar la guardia en este aspecto. Generalmente la disminución de apoyos también acaba siendo un detonante de situaciones de acoso.
Dentro del grupo de niños que alcanzan este alto nivel de funcionamiento también nos encontramos con otra serie de problemas sobrevenidos, y es lo relacionado con el diagnóstico o los certificados de discapacidad. En el caso concreto de mi hijo, por poner un ejemplo, ya no cumple con la famosa tríada, por tanto y siendo estrictos en el modelo diagnóstico, debería perder el diagnóstico de TEA y posiblemente pasar al nuevo Trastorno de la Comunicación Social (SCD). Y aquí llega otro punto ¿Se curó del autismo? ¿Nunca lo tuvo?, una cuestión compleja sin lugar a dudas. Pero que curiosamente está relacionada en cómo se diseñan los modelos diagnósticos y en el histórico empleado. Y por eso nos enfrentamos a un nuevo paradigma en la comprensión y análisis del autismo, generado precisamente por esta generación de niños que presentan avances espectaculares y con los cuales nadie contaba. Es decir, que bajo la visión actual de autismo no se incluyen los avances, ya que si una persona con autismo tiene grandes avances sencillamente pierde el diagnóstico. Este particular ya se abordó en el artículo “En busca del diagnóstico de Autismo Perdido”.
Esta situación genera diversos retos complejos, tanto para la familia como para el niño o niña. Por una parte la pérdida o modificación del diagnóstico puede suponer la pérdida de las ayudas o apoyos, que se pierda el diagnóstico no significa que no sigan existiendo determinadas necesidades. A nivel social, supone también la llegada de una situación cuando menos paradójica, el éxito no siempre está bien visto, y esto te lleva a una situación de difícil gestión, ya que podemos encontrarnos a medio camino entre ninguna parte. Es muy habitual que cuando alguien tiene un hijo con autismo sus relaciones sociales cambien también, y tenga por tanto más contactos con personas que viven situaciones afines ¿Qué sucede cuando mi hijo evoluciona mucho y el hijo de mi amiga no? Ahí les dejo la pregunta, las respuestas son múltiples. Desde el punto de vista del niño es también complejo, no acaba de estar en ninguna parte, no tiene la necesidad de tener una atención como la que tenía con 5 años, pero tampoco puede tener una desatención total. Aquí se ven abocados al drama que desde hace mucho tiempo viven los chicos y chicas con Síndrome de Asperger. Y aunque parezca mentira, ¡qué poco hemos aprendido de ellos!
Otro de los aspectos a tener en cuenta es que el niño es plenamente consciente de su entorno y de sí mismo, y por tanto de sus diferencias (Ver el artículo ¿Cómo explicar al niño que tiene un Trastorno del Espectro del Autismo? ), deberemos ser cuidadosos. No hace mucho mi hijo vio un vídeo que hacía publicidad de las intervenciones curativas del autismo donde decían que los niños con autismo estaban enfermos y que había que curarlos. Obviamente era el típico vídeo que promociona tratamientos para curar el autismo bajo modelos y sistemas siempre dudosos y a veces peligrosos. Bien, ¿y qué piensan que sucedió? Pues mi hijo rápidamente preguntó que porqué estaba enfermo y cómo había que curarlo. Supongo que son capaces de hacerse una idea de lo complicado de la situación, supongo que quienes se dedican a realizar este tipo de vídeos para vender sus productos no solo no son conscientes, es posible que además les importe un rábano lo que las personas con autismo piensen. Pero esto es un aspecto importante. Hay que ser cuidadosos al límite, y hay que preparar al niño para este tipo de situaciones. Realmente pueden ser muy perjudiciales y afectar severamente a la autoestima de la persona.

Quizá el corolario sea sencillo, los niños con autismo que tienen un gran desarrollo tienen problemas muy específicos, quizá a medida que van creciendo sus problemas acaban siendo exactamente los mismos que los que han venido sufriendo los niños con Asperger. Pero ojo, los niños con Asperger que tienen muy buena intervención también presentan progresos inmensos, pero ni en un caso ni en el otro debemos bajar al guardia. Y tampoco es óbice para que esta diferencia entre niveles de desarrollo sean un motivo para crear aun más clubes distintos, jamás debemos olvidar que al final todos trabajamos por exactamente lo mismo.

Fuente: http://autismodiario.org/2013/04/17/autismo-de-alto-funcionamiento-y-los-nuevos-desafios/ 

lunes, 15 de julio de 2013

8 cosas que no sabías sobre el autismo


Al menos uno de cada 150 niños sufre autismo. Te contamos ocho descubrimientos recientes sobre este trastorno cuyos principales signos y síntomas afectan a la comunicación, las interacciones sociales y las conductas repetitivas.

Mal de genios. ¿Qué tenían en común Albert Einstein, Isaac Newton, Mozart, Beethoven, Inmanuel Kant y Hans Christian Andersen? Según ha concluído Michael Fitzgerald, psiquiatra irlandés del Trinity Collage de Dublín, todos estos grandes genios de la historia sufrieron alguna forma de autismo a lo largo de su vida.

Cabeza grande. Los niños con autismo tienen más niveles de hormonas implicadas en el crecimiento (factores de crecimiento insulínicos tipos 1 y 2) que aquellos que no padecen la enfermedad. Eso explicaría por qué la circunferencia de la cabeza en los autistas es más grande, según concluía un reciente estudio de la Universidad de Cincinnati (EE UU) publicado en Clinical Endocrinology.

La reputación no importa. De acuerdo con una investigación del Instituto Tecnológico de California (Caltech), a los autistas no les importa lo que los demás piensan de ellos. Para demostrarlo, los científicos compararon su comportamiento a la hora de hacer donaciones económicas a UNICEF en dos condiciones: estando solos y cuando eran observados por otra persona. Los sujetos sanos donaban más en presencia de un observador, porque tenían en cuenta cómo repercutiría en su reputación social. La cuantía donada por los autistas, sin embargo, era idéntica en ambas situaciones. Las conclusiones se publicaron en la revista PNAS.

Procesan mejor. Los autistas tienen mayor capacidad de procesar información que el común de los mortales, lo que podría explicar el porcentaje aparentemente mayor que el promedio de personas autistas que trabajan en el sector de la tecnología de la información, afirman investigadores de Reino Unido. Además de esta mayor capacidad de procesar información, los autistas son más capaces de detectar información que se considera esencial, según el estudio, que aparecía en la publicación Journal of Abnormal Psychology.

Cara autista. El rostro de los niños con autismo tiene rasgos característicos, de acuerdo con un estudio publicado hace poco en la revista Molecular Autism. Concretamente, tienen los ojos y la boca más anchos, la zona alta de la cara más grande de lo habitual y la zona media de la cara (nariz y mejillas) algo más pequeña que la media.

Prematuros. Los bebés prematuros y los que nacen con bajo peso tienen una predisposición cinco veces mayor a desarrollar autismo que aquellos que nacen con un peso normal, según un estudio publicado en la revista Pediatrics y basado en datos obtenidos durante 21 años.

Ventajas en la prehistoria. Algunos de los genes que contribuyen al autismo podrían haber sido seleccionados en el pasado porque proporcionaban mayores habilidades en inteligencia espacial, concentración y memoria, cualidades que favorecían a quienes padecían autismo a la hora de cazar y recolectar.

Neuronas espejo. Las personas que sufren autismo tienden a tener problemas en cuanto a las habilidades sociales y les resulta casi imposible mostrar empatía al comunicarse con otra persona. De acuerdo con una investigación dada a conocer en Biological Psychiatry, se debe a fallos en el sistema de las neuronas espejo (las encargadas de comprender y anticipar los deseos y las acciones de los demás), que no se bloquean pero se desarrollan con extremada lentitud.


Diez Cosas Que Todo Niño con Autismo Quisiera Que Supieras

Autora: Ellen Notbohm, autora del libro Ten Things Every Child with Autism Wishes You Knew y Ten Things Your Student with Autism Wishes You Knew. Co-autora de 1001 Great Ideas for Teaching and Raising Children with Autism or Asperger’s. Publicado con la autorización de la autora.
Traducción: Angela Couret, pasoapaso.com.ve (Venezuela)

Algunos días parece que lo único previsible sobre el autismo es lo imprevisible. El único atributo consistente – lo inconsistente. Pocos refutan que el autismo es desconcertante, incluso para quienes pasan la vida inmersos en él. Es posible que el niño con autismo luzca “normal” pero su conducta puede dejarnos perplejos y resultar difícil.
En una época el autismo se consideraba un trastorno “incurable”, pero esa noción se viene desmoronando frente a un cuerpo de conocimientos que aumenta permanentemente. Todos los días las personas con autismo nos demuestran que pueden superar, compensar y de una u otra forma lidiar con muchas de las características más desafiantes del autismo.
Informar a las personas que se relacionan con nuestros niños sobre los elementos básicos del autismo tendrá tremendo impacto en sus posibilidades de enrumbarse hacia una adultez productiva e independiente.
El autismo es un trastorno extremadamente complejo pero para efectos de este artículo, resumiremos sus múltiples características en cuatro áreas fundamentales: dificultades en procesamiento sensorial; retrasos y dificultades de habla/lenguaje; las elusivas destrezas de interacción social; aspectos de autoestima. Y a pesar de que estos cuatro elementos pueden caracterizar a muchos niños, tenga presente que el autismo es un trastorno de espectro: no hay dos (o diez o veinte) niños con autismo que sean idénticos. Cada niño se ubicará en un punto diferente del espectro. E igual de importante: cada padre, maestro y cuidador se ubicará en un punto diferente del espectro. Sea niño o adulto, cada persona tiene necesidades únicas.
Siguen 10 cosas que todo niño con Autismo quisiera que supieras…
1. Ante todo, soy un niño. Tengo autismo. Mi autismo es solo un aspecto de mi personalidad. No me define como persona. ¿Eres tú una persona con pensamientos, sentimientos y muchos talentos, o simplemente gorda (con sobrepeso), miope (usas lentes) y torpe (poco coordinada, mala en deportes)? Es posible que esas sean las cosas que veo primero al conocerte, pero no reflejan necesariamente quien eres como persona.
Como adulto, tú tienes algún control sobre como te defines. Si quieres resaltar una característica específica, lo puedes hacer. Siendo un niño, yo estoy en desarrollo. Ni tú ni yo sabemos aún de lo que soy capaz. Definirme según una de mis características conlleva el riesgo de establecer expectativas muy bajas. Y si percibo que tú no piensas que “Yo sí puedo”, mi respuesta natural será ¿Por qué intentarlo?
2. Mis percepciones sensoriales están alteradas. Posiblemente la integración sensorial sea el aspecto más difícil de entender en el autismo, pero podría decirse que es uno de los más críticos. Significa que las imágenes, los sonidos, olores, gustos y texturas del día a día que posiblemente tú ni notes, me resulten incluso dolorosas. El propio entorno donde vivo frecuentemente me parece hostil. Es posible que yo te parezca retraído o agresivo pero en realidad solo intento defenderme. Fíjate como un “simple” viaje al automercado puede ser un infierno para mi…
Mi sentido del oído puede ser súper agudo. Docenas de personas están hablando a la vez. El altoparlante vocifera los especiales del día. La música retumba por los amplificadores. Las cajas registradoras pitan y reverberan. Una máquina moledora de café resopla. Las sierras de la carnicería chirrían, los bebés lloran, los carritos del automercado crujen, las luces fluorescentes zumban… ¡Mi cerebro no puede filtrar tantos estímulos y me sobrecargo!
Mi sentido del olfato puede ser muy sensible. El pescado no está muy fresco, el señor que espera al lado de nosotros no se ha bañado hoy, en el Deli están regalando muestras de salchicha, el bebé delante en la cola tiene un pañal hediondo, están coleteando unos pepinillos en el pasillo tres… ¡No puedo lidiar con tantos estímulos! ¡Estoy a punto de vomitar!
Ya que me oriento visualmente (ver más sobre esto abajo), posiblemente este sea el primer sentido en sobresaturarse. La luz fluorescente no solo es demasiado brillante, sino que zumba y ronronea. Me parece que todo el espacio palpita y me duelen los ojos. La luz parpadeante se refleja en todas partes y distorsiona lo que veo – me parece que el espacio está cambiando constantemente. Está el resplandor de las ventanas, hay demasiados artículos a la vista y no puedo concentrarme, los ventiladores del techo dando vueltas… tantos cuerpos en movimiento permanente! Todo esto afecta mis sentidos vestibular y proprioceptivo, y ahora ni siquiera puedo determinar la ubicación de mi propio cuerpo en el espacio.
3. Recuerda distinguir entre “No quiero” y “No puedo”. El lenguaje receptivo y expresivo y el vocabulario pueden representarme retos formidables. No se trata de que No presto atención a las instrucciones. Se trata de que
No puedo comprenderlas. Cuando me llamas desde el otro extremo del salón, esto es lo que escucho: *&+%$#, Billy. #$%&/%$&*… … …. En su lugar, acércate y háblame directamente, con palabras sencillas: “Por favor, pon tu libro en el escritorio, Billy. Es hora de almorzar.” Así me indicas lo que deseas que haga y lo que va a suceder. Entonces será mucho más fácil que yo cumpla tus instrucciones.
4. Soy un pensador concreto. Esto significa que interpreto el lenguaje muy literalmente. Me confundo mucho cuando me dices, “¡Detén tus caballos, vaquero!”* cuando lo que quieres decir realmente es “Por favor, no corras.” No me digas que hacer algo es “un pedazo de torta”* cuando no hay postres a la vista y lo que realmente quieres decir es “Esta tarea te resultará muy fácil.” Cuando me dices que “llueven gatos y perros,”* yo busco los gatos y los perros. Solo dime, “Está lloviendo muy duro.” (*Nota editorial: Expresiones figuradas, coloquiales en Estados Unidos).
Las frases idiomáticas, los juegos de palabras, los matices, los dobles entendidos, las inferencias, las metáforas, las alusiones y el sarcasmo se me escapan.
5. Ten paciencia con mi escaso vocabulario. Me es difícil decirte lo que necesito cuando no conozco las palabras para describir mis sentimientos. Puede que tenga hambre, que me sienta frustrado, atemorizado o confundido pero en estos momentos esas palabras están más allá de mi habilidad de expresarme. Debes estar alerta a mi lenguaje corporal, a mi retraimiento, agitación u otras señales de que algo anda mal.
O, al contrario, es posible que te suene como un “pequeño profesor” o un actor de cine, refiriendo palabras o guiones completos más allá de mi edad de desarrollo. Estos son mensajes que he memorizado de mi entorno para compensar mis déficits de lenguaje porque sé que se supone que responda cuando me hablan. Es posible que los haya aprendido en los libros, la televisión, o escuchando el lenguaje de otras personas. Esto se llama “ecolalia.” No necesariamente comprendo el contexto o la terminología que estoy empleando. Solo sé que me saca de apuros cuando debo responder.
6. Ya que el lenguaje me resulta tan difícil, me oriento mucho visualmente. Por favor muéstrame como hacer algo en lugar de solo decírmelo. Y por favor, prepárate para mostrármelo varias veces. La repetición consistente me ayuda a aprender.
Un cronograma visual me ayuda mucho a lo largo del día. Como tú con tu agenda, el cronograma me alivia el estrés de tener que recordar lo que sigue, me facilita la transición entre actividades, me ayuda a manejar el tiempo y a cumplir con tus expectativas.
No dejaré de necesitar un cronograma visual a medida que vaya creciendo, pero mi “nivel de representación” podría cambiar. Antes de saber leer, necesitaré un cronograma visual con fotografías o dibujos sencillos. A medida que vaya creciendo, podrían funcionar palabras y dibujos, y más adelante, solo palabras.
7. Concéntrate y apóyate en lo que puedo hacer, en lugar de lo que no puedo hacer. Como cualquier ser humano, no puedo aprender en un entorno donde constantemente me hacen sentir que no estoy a la altura y que necesito “que me arreglen.” Intentar cualquier cosa nueva cuando estoy casi seguro de que me criticarán – sin importar cuán “constructiva” sea esa crítica – se convierte en algo que debo evitar. Busca mis fortalezas y las encontrarás. Hay más de una manera “correcta” de hacer la mayoría de las cosas.
8. Ayúdame con las interacciones sociales. Puede parecer que no quiero jugar con otros niños en el patio, pero a veces es solo que no sé como empezar una conversación o unirme al juego. Si animas a los otros niños para que me inviten a jugar con ellos, es posible que me encante que me incluyan.
Funciono mejor en actividades de juego estructuradas que tienen un inicio y un final bien definidos. No sé como “leer” las expresiones faciales, el lenguaje corporal o las emociones de los demás, así que agradeceré mucho que me entrenes permanentemente en las respuestas sociales apropiadas. Por ejemplo, si me río cuando Emily se cae del tobogán, no es porque piense que es algo divertido. Es que no se cuál es la respuesta correcta. Enséñame a decir “¿Estás bien, Emily?”
9. Procura identificar los factores detonantes de mis estallidos. Meltdowns, estallidos, rabietas o como quieras llamarlos son más terribles para mi que para ti. Suceden porque uno o varios de mis sentidos se ha sobresaturado. Si puedes determinar por qué sucede el estallido, podría prevenirse. Mantén un cuaderno para anotar la hora, el lugar, las personas, las actividades. Es posible que detectes un patrón.
Recuerda que toda conducta es una forma de comunicación. La conducta te indica, cuando mis palabras no pueden hacerlo, como percibo algo que está sucediendo a mi alrededor.
10. Si eres un miembro de mi familia, quiéreme sin condiciones. Elimina pensamientos como, “Si solo pudiera” y “Por qué no puede”. Tú no cumpliste todas las expectativas de tus padres y no quisieras que te lo recordaran constantemente. Yo no quise tener autismo. Pero recuerda que es algo que me pasa a mí, no a ti. Sin tu ayuda, mis posibilidades de alcanzar una adultez exitosa son pocos. Con tu apoyo y orientación, las posibilidades serán mejores de lo que imaginas. Te lo prometo – yo valgo la pena.
Y finalmente, tres palabras: Paciencia. Paciencia. Paciencia. Esfuérzate por ver mi autismo como una habilidad diferente en lugar de una discapacidad. Mira más allá de lo que percibes como limitaciones y aprecia las fortalezas que el autismo me ha dado. Posiblemente no sea bueno entablando contacto visual o una conversación, pero te has dado cuenta que nunca miento, que no hago trampa en los juegos, que no echo chismes de mis compañeros y no juzgo a los demás?
Todo lo que podría llegar a ser no sucederá si no cuento contigo como plataforma. Repasa algunas de esas “normas” de la sociedad y si no tienen sentido para mí, déjalas pasar.
Sé mi defensor, sé mi amigo, y ¡veremos cuán lejos puedo llegar!¨